Carlos Eduardo Rico habla de Caso Dalton

Por Lauri García Dueñas y Javier Espinoza (*)  

Carlos Eduardo Rico Mira, exdirigente de la RN y primo de Alejandro Rivas Mira 

SAN SALVADOR – «Entonces dijeron ‘Dejémonos de cuento, aquí pongámosle fin a esa babosada y muerto el chucho se acabó la rabia’»

Carlos Eduardo Rico Mira, exdirigente de la Resistencia Nacional y primo de Alejandro Rivas Mira

Rico Mira, primo de Alejandro Rivas Mira (máximo líder del Ejército Revolucionario del Pueblo cuando la muerte de Roque Dalton), fue nombrado por la prensa salvadoreña como «Guerrillero de ataché», porque en lugar de empuñar fusiles, empuñaba portafolios forrados en dinero.

Este antiguo miembro de la Resistencia Nacional (RN) se dedicó durante la guerra civil salvadoreña a conseguir y trasladar dinero para la guerrilla en todas partes del mundo.

Hoy (24 de mayo de 2004), desde su oficina minúscula dentro de la Corte Suprema de Justicia, vierte sus opiniones sobre la muerte del poeta Roque Dalton.

Fue amigo íntimo del poeta durante la estadía de ambos a inicios de los setenta en Cuba, donde se entrenaban en estrategias de inteligencia y contrainteligencia y aprendían a ser guerrilleros.

Este antiguo militante de las guerrillas salvadoreñas se movió por años entre las más altas esferas de los revolucionarios latinoamericanos y conoce de primera mano el contexto de la muerte de Dalton.

 

Quisiera que hablemos de Roque Dalton y su muerte.

Sobre la muerte de Roque se ha dicho mucho, desde la historia que cuenta él en Pobrecito poeta que era yo ya quedó como estigmatizado como posible agente de la CIA [Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos]; no obstante, que salió a Checoslovaquia y siguió bastantes años en Cuba. Sin embargo, algunos se atreven a decir que quien creía en él era Fidel, pero no los mandos medios. Hay un artículo de David Hernández que hace mención de la desconfianza que le tenían los cubanos y si a lo mejor no se aprovecharon para deshacerse de él.

Yo lo conocí en Cuba y veía cómo se movía en Cuba y no creo que tuvieran desconfianza a que pudiera ser un agente enemigo.

 

De parte de los cubanos.

De parte de los cubanos.

 

No así de los salvadoreños.

De parte de los salvadoreños era mucho más probable porque la escapada no les cuadraba mucho, la de la cárcel de Cojutepeque. Yo veía que él gozaba de la estimación y el aprecio de Manuel Piñeiro, de todos los oficiales del departamento América (encargado de atender los movimientos de liberación de América Latina, la promoción de la revolución. El Salvador tenía una persona encargada de atenderlos, etc. Y el jefe de todos esos era Piñeiro), de tropas especiales que trabajaban conjuntamente con nosotros, que daban en el entrenamiento militar. Nos entrenaban en explosivos, armamentos. Te daban toda la tecnología para obtener información de diferentes formas y cómo contrarrestar el trabajo enemigo (contrainteligencia).

 

¿Qué le parece la acusación contra Roque de ser agente cubano?

Lo que había era un poco de celo con Roque, hombre conocido, famoso, poeta. Había escrito sobre la revolución. La concepción de los cubanos siempre ha tenido el esquema de tener un caudillo. En Cuba fue Fidel y hubo otros como Camilo Cienfuegos. En El Salvador a quien promovían bastante era a Salvador Cayetano Carpio. Obviamente, los cubanos consideraban que Roque era su escuela. Él se movía dentro del mundo literario y político. Cuando estaba el famoso boom de escritores y políticos que llegaban a La Habana, él estaba ahí en primera fila. Entonces es muy claro que cualquiera piense que era el agente cubano, que no siendo cubano, se le facilitaba moverse dentro de las filas de los intelectuales y de los políticos. Si decía Roque algo en contra de los cubanos, pensaban que Roque tenía que pasar ese informe. Ese argumento de que era un agente cubano no pegó.

 

Con quienes hablamos nos dicen eso, no pegó el argumento cubano, ni el de la CIA, pero le pegaron los cuetazos [balazos].

Porque había que matarlo. Pero no es lo mismo que lo acusen de agente cubano que de la CIA. Cuando vieron que no pegó el argumento de que era un agente cubano, entonces dejaron pasar el tiempo para que se calmaran las aguas, los cubanos ni siquiera respondieron a esa acusación. Como la concepción que traía Sebastián Urquilla (Alejandro Rivas Mira) era pro China, antisoviética, por eso es que Sebastián pensó que si lo acusaba de agente cubano le iba a crear problemas a Roque, cuando nosotros los latinoamericanos hemos sido profundos admiradores de la Revolución Cubana.

 

Menos esta fracción del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo).

Menos esta fracción del ERP, que es la que incluye a Roque y la que se declara pro chino. Ellos consideraban que lo que había que construir eran los comités militares, las columnas guerrilleras. Para ellos era andar perdiendo el tiempo andar construyendo políticas, partidos políticos. Ellos creían en la posibilidad de un golpe de Estado, creían que un momento determinado los militares podrían abrir las puertas y las columnas armarse, dar el golpe de Estado y tomar el poder. Cosa que nunca se dio.

 

¿Ellos tenían golpe de Estado dentro de las filas?

Precisamente ahí había cortado un poco la charla. Roque era un escritor brillante, un político brillante, con experiencia y reconocimiento internacional. Entonces ellos pensaron que el hombre que podía convertirse en la figura de la revolución en El Salvador podía ser Roque. Pensaron que Roque con su gente, [Eduardo] Sancho y otra gente así podían anularlos a ellos y hacerlos desaparecer política o físicamente. Ellos manejaban esa tesis, entonces, claro, en el seno del ERP se estaba dando desde hace ratos una lucha ideológica entre dos concepciones. Las concepción de los puchistas (golpistas) y la concepción que creía en el movimiento político militar que combinara lo político, lo militar y lo internacional; y creían que habían que conformar un partido, lo cual los otros negaban. Ellos lo que decían es que había que disparar y se acabó. Pero la concepción de Resistencia Nacional (RN) decía que había que organizar, más o menos lo que decía la canción cubana «En cada cuadra un comité, en cada cuadra una revolución». Es decir, en los cantones en los barrios y en gran medida se logró para la primera ofensiva, pero lo que faltó fue armas. Sí se logró un gran nivel [de] desorganización. Esa pugna era la que no permitía el desarrollo de las fuerzas. Entonces dijeron: «Dejémonos de cuento, aquí pongámosle fin a esa babosada y muerto el chucho [perro] se acabó la rabia». Aquí el que está promoviendo más este volado [asunto] es Roque, así que entonces…». Se dice que Roque bebía mucho y luego se perdía. No era un hombre muy disciplinado. David Mena cuenta que él estaba escondido y se va a echar unos tragos y lo meten preso. Roque no era de los que le gustaba echarse el trago y esconderse, sino que gustaba de la conversación, broma, chiste, es como el buen salvadoreño que le encanta estar en rueda de amigos. Porque nada le costaba decirle a alguien ahí «Mirá, traeme una botella y una gaseosa», e irse a su cuarto. Pero claro, precisamente esa anécdota me la contó Roque en La Habana, que me dice: «Fijate que yo, llevándomela de gran chivazo, hice una autocrítica en la reunión de partido. Púchica, si ahí yo dije todo, que era mujeriego, que los tragos, todo, ahí sí que no anduve con cuentos. Entonces Castellanos (el secretario general del partido) dijo: ‘Caramba, veo que el compañero Roque ha hecho un esfuerzo muy grande para hacerse esa radiografía y atreverse a contarnos todo lo que el piensa de sí mismo’. Yo estaba bien contento porque ahí el partido me estaba echando flores. Entonces pidió la palabra Schafik [Hándal] y dice: ‘Yo no le veo que sea un mérito andar diciendo que es bolo, que es mujeriego, que es liberal, que no cumple con la disciplina, que le vale riata las tareas’». Entonces Roque dice: «Me bajó de un solo de la tarima».

Había quienes eran muy rígidos, ortodoxos, que no estaban muy de acuerdo con los pequeñoburgueses que eran más dados, decían ellos, a la fiesta, a la bebida. Pero a pesar de todos esos defectos, hay una verdad y es que el partido en ningún momento lo deja solo, el PC (Partido Comunista) lo saca, Checoslovaquia lo recibe como representante del partido salvadoreño y en esa época de la Cortina de Hierro tenía que llevar la venia de los partidos comunistas. A pesar de los errores, el tipo se movía a Rusia, Ucrania y si le tenían desconfianza, no le iban a permitir que se moviera por todos los partidos socialistas. Él seguía pensando que la lucha armada y no la acumulación de fuerzas del PC. Ellos estaban contentos de tener dos que tres diputados en la Asamblea y Roque les decía: «No los van a dejar pasar de dos que tres diputaditos, si esa es la libertad del cerdo, hay déjenlo que grite porque va para el matadero». Ahí es donde los cubanos se lo ganan y se lo llevan para La Habana. Inicialmente, Roque iba a entrar al movimiento guatemalteco. Roque se movía entre las grandes figuras.

 

Grandes personalidades de las que Rico Mira también disfrutó. Cuenta en la entrevista, que sufre de una úlcera sangrante desde hace años, pero que el mismo Fidel Castro costeó sus gastos médicos en La Habana y que ese tratamiento lo ha mantenido con vida. En el Seguro Social de El Salvador ya lo daban por muerto. De hablar pausado, este antiguo guerrillero da la impresión de saber más de lo que cuenta. Serán algunos, todavía secretos delicados de contar.

 

¿Qué opinión le merece que hubo un juicio sumario?

Yo no tengo ninguna referencia de que hubiera juicio. Pero independientemente de que hubiera habido o no, la decisión estaba tomada. Más que todo hubiera sido un formalismo el hacer el juicio. No sé qué otra cosa más quiere saber.

 

¿Por qué, después de casi 30 años, no podemos saber quiénes fueron realmente los que asesinaron a Roque Dalton?

Ahora ellos están en una posición de políticos y tienen que jugar con una imagen que no esté manchada de sangre y dicen «No, si quien lo mató [fue] el Vaquerito [Vladimir Rogel]», que además es el único muerto de todos los que estaban participando en el juicio. Es una manera de evadir esa responsabilidad, porque ellos están vivos.

 

Hablando con presuntos implicados, se siente como que fue ayer el asesinato.

Es como cuando se dice que fue un error de juventud, éramos jóvenes, es cierto, pero no estábamos jugando a hacer la guerra. Nos estábamos matando de verdad, eso hay que verlo desde ese punto de vista. Sabíamos perfectamente bien en lo que nos habíamos metido.

 

Juan José Dalton, el hijo y representante de la familia, nos decía en cuanto a los restos de su padre que el RN había prometido que les iban a dar los restos que «estaban resguardados», pero que nunca se ha esclarecido la locación, a pesar que la ONUSAL (Misión de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador) dijo lo que dijo. ¿Qué sabe usted de esto?

Yo tuve conocimiento de que los restos de Roque estaban enterrados en las lavas de Quezaltepeque, que una de las personas que estuvo presente es el que me hace la narración de la historia y que quedaron enterrados ahí. Cuando se firma la paz, se mandó a traer gente incluso a Suecia. Comprendo a Juan José porque se trata de los restos de su padre, pero te podés imaginar lo difícil que fue encontrar los restos en un campo tan grande como es la zona de la lava y que además durante muchos años fue blanco de las bombas de los aviones. Ahí a cada rato te cambiaba el paisaje. Con que una tumba abandonada, que ya no tiene familiares que lleguen a visitarlos, con facilidad se pierde en un cementerio que supuestamente no se encuentra después una tumba, mucho menos lo vas a encontrar a campo abierto y en un lugar donde se practicaba tiro de bombas y de alto poder explosivo. Lo que pasa es que los salvadoreños somos así, que nos encanta exagerar las cosas. Porque entonces dicen que dijo por ahí un campesino: «Hace unos años yo vi que unos chuchos sacaron unos huesos de por ahí» y entonces partían que eran los restos de Roque, cuando en esa zona tiraron cadáveres que fue maravilla. Es como en el Playón, donde se tiraba gente todos los días. Entonces cómo vas a saber que los huesos que llevaban esos chuchos eran los de Roque. Si quieres creerlo, pues créelo. Yo no creo mucho en esa historia.

Lo que yo cuento en el libro es cuando dice: «Cuando sepas que he muerto/ no pronuncies mi nombre». Ese es un hecho real.

Yo a lo largo de mi vida he tenido dos otras experiencias de ese tipo, lo único que me extrañaba a mí en esa reunión era que en las anteriores al médium le cambiaba la voz. En este caso, era la misma voz de la señora que se oía de las diferentes personas que estaban por ahí. Y luego cuando empieza a hablar Roque de la pacificación y yo le digo que Roque no hablaba así. Entonces me dice: «Te dice algo el nombre del doctor Fabio Castillo Figueroa, por él nos conocimos». Eso no lo sabía ninguno de los tres que estábamos ahí, solo yo. Eso me dejó intranquilo, entonces cuando están buscando los restos yo recurro a lo mismo, hablamos con Roque y me dice «¿Qué importa un puñado de huesos? Lo importante es que mejor publiquen mis obras». Yo le digo: «Pero el problema son tus hijos, Aída». «No te preocupes yo voy a tranquilizar sus espíritus.» Hace dos años voy a La Habana y hablo con Aída y ella tiene un amigo que también es médium y prácticamente el mensaje que me da a mí para Aída es casi igual al que ella recibe en Cuba y Aída me dice: «Después de tantos años, hemos preferido dejar que las cosas sean como Roque quería». Había tranquilizado sus espíritus.

 

Pero la familia quiere justicia, según Juan José.

Él tiene derecho, pero veo poco probable encontrar los restos. El problema es que él piensa que alguien sabe dónde están.

 

¿No cree eso?

Si los enterraron en la lava de Quezaltepeque, lo dudo mucho que los puedan encontrar. Un amigo me decía: «No te has puesto a pensar una cosa, por qué llevarlo hasta allá, si lo mataron en una casa, por qué no enterrarlos ahí, por qué se iban a correr el riesgo de caminar kilómetros, de llevar los cadáveres para enterrarlos allá». Puede ser, redigo, pero a nadie se le ha ocurrido ir. Pero yo creo que el sentimiento que le tenían a Roque era tan grande que lo que querían era que desapareciera.

 

Y hoy hablamos de Roque.

Y las nuevas generaciones van a seguir hablando de él. Entonces, lo que ellos querían era que desapareciera físicamente. Su obra no iba a desaparecer, a menos que estos creyeran que su obra no valía la pena, y resultó que no fue así.

 

Cuando usted dice «ellos» al hablar de «ellos contra Roque», «ellos» no lo querían, «ellos» lo mataron, ¿quiénes son esas personas?

Yo no estaba en esos momentos militando dentro del ERP, ya estaba en la RN. Todos los que eran miembros de la dirección (Rivas Mira, Joaquín [Villalobos], Ana Guadalupe [Martínez], el Vaquero [Vladimir Rogel], Jorge Meléndez).

 

¿Ana Guadalupe ya estaba? Ella nos dijo que es de la generación nueva.

Puede ser, yo no quisiera afirmar eso. Cuando ella dice «fue un error de juventud», fue porque estaba metida en ese rollo, sino mejor me callo y no digo nada.

Ellos mismos cuentan que Roque no viene a formar parte de la dirección, pero se cuidan de tenerlo apartadito.

 

Para terminar. ¿Algún día El Salvador va a saber el destino de Roque?

Creo que sí puede darse porque poco a poco va saliendo la gente que va comenzando a contar de las cosas feas de la guerra. Antes solo se hablaba de la Radio Venceremos, la guinda y una serie de cosas donde el guerrillero era el héroe. El mérito que tenemos con Eduardo Sancho cuando escribimos estos libros. Cuando decimos «Nunca fuimos unidos, la gente creía que éramos cinco, pero éramos cinco dedos como los dedos de la mano» y hablábamos de la hegemonía porque no podíamos ir a hacer ninguna gestión diplomática a Europa si no íbamos los cinco porque peligroso, porque ese tipo de cuestiones reflejan la desconfianza y los diferentes pensamientos dentro del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional). Los cubanos no estaban ahí, estábamos solos, los cubanos llegaban de vez en cuando a conversar para suavizar la situación.

 

(*) Ambos periodistas salvadoreños radicados en el extranjero. Autores del libro en mención. 

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