Roque

Por Julio Escoto

"El asesinato estremeció a la comunidad artística internacional pues Roque era escritor conocido y querido, drama al que se agregaba el estupor de que hubieran sido sus compañeros de guerrilla quienes lo ejecutaran…"

 

HONDURAS – Una tarde de 1978, platicando con el novelista Manlio Argueta en su apartamento próximo a la UCR, tras admirar la heroica gesta del pueblo nicaragüense en su afán para tumbar al dictador Somoza, le vino a la mente un recuerdo doloroso: días previos, dijo, había jugado la guija con varios fráteres hasta amanecer y a él, Manlio, le nació un atrevimiento: convocar al espíritu de Roque Dalton, quien había sido muerto en 1975 por sus propios camaradas del Ejército Revolucionario del Pueblo, acusado de ser agente gringo o espía cubano, alegaciones que resultaron falsas.

 

Manlio, José Roberto Cea, Tirso Canales, el guatemalteco Otto René Castillo e Ítalo López Vallecillo habían sido voces influyentes del movimiento estético la Generación Comprometida, e incluso con los cuatro primeros Dalton había fundado el Círculo Literario Universitario en 1956, semilla del impulso poético salvadoreño y base de un grupo intelectual de vívida sensibilidad política, que se sumaría más tarde al prácticamente inevitable estallido social allí.

 

El asesinato estremeció a la comunidad artística internacional pues Roque era escritor conocido y querido, drama al que se agregaba el estupor de que hubieran sido sus compañeros de guerrilla quienes lo ejecutaran en un alarde de revanchismo no tan fácil de explicar: los jefes del ERP -particularmente el líder Alejandro Rivas, así como Jorge Meléndez, Vladimir Rogel y Joaquín Villalobos, este último después comandante del Frente Farabundo Martí para Liberación Nacional (FMLN)- avalaron el crimen como acción de guerra, si bien nada lo justificaba. Roque era figura internacional y debieron existir celos de por medio; provenía secretamente de Cuba y podía abrigar planes de agitación más avanzados que el estalinismo, o más democráticos y menos autoritarios. Los partidarios de la guerra popular prolongada no simpatizaban con el foquismo del Che ni con las alianzas inter-clases de Fidel; la tendencia china, opuesta a la soviética, ejercía influjo tentador sobre las masas contestatarias, aún no se sabe. Se vivía la época del caldo de cultivo de la revolución, de la discusión ideológica a muerte y del melting pot; 60% de las energías y esfuerzos subversivos se malgastaron en controversias fratricidas.

 

Para mayo 1975 ya lo habían capturado y sometido a "juicio" en algún recodo de San Salvador; al día diez le martillaron pistolas, se ignora por quién ni dónde. Las indagaciones reducen el ámbito a dos posibilidades: o en El Playón, ladera con lava seca del volcán de Quezaltepeque o San Salvador, o en una casa de seguridad en barrio Santa Anita, nunca se encontró el cuerpo y no se pudo lograr dictamen forense. Algo semejante a lo que practican las maras hoy en esa misma nación, que tiran a sus víctimas en fosas lejanas y comunes pues donde no existen cadáver ni denuncia policial "no ocurre delito". José, periodista, y Jorge, cineasta, hijos de Dalton, han solicitado por 35 años a los autores del magnicidio revelar el sitio donde soterraron los restos de Roque pues ha llegado el momento en que, bajo otros ambientes de paz que el pasado, la gracia cristiana y la clarificación histórica demandan explicación.

 

Aquella noche de la anécdota Manlio lucía agotado, al menos con obvia angustia -él que es hombre superior de extremas prudencia y dignidad, prácticamente un british tropical de mayores virtudes que los anglos. Moviendo las fichas de la guija invocó a Roque y Roque le respondió entre velas y desde el silabeo lento y dificultoso de las letras que se van componiendo gnósticamente: "hermano, ayudame" (Argueta casi lloraba) "estoy en sótano / casa / San Salv"… Involuntariamente temblé, era fortísima revelación.

 

El cuerpo es detritus, bazofia y sobrante material, cuánto cuesta aceptar esto. La mente es obra, sueño y acción; la muerte desarticula las valoraciones materiales. Lo que Roque hizo y escribió pertenece a la posteridad, nosotros solo somos cauda de su pensamiento, digamos de su ansia de libertad.

 

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