Por Grego Pineda (*)
WASHINGTON – ¿Cómo escribiría Roque Dalton en estos tiempos? ¿Sería ironía hecha verso o la voz del desaliento? Quizás la esperanza descarnada o la protesta a grito limpio. Talvez la acerada critica de sus iguales o simplemente la cristalización de una literatura que, de una vez por todas, nos haga trascender.
Por las historias recibidas, al pensar en Roque siempre llego al mismo desencuentro: No sé en qué colmillo quedó ese brillante cerebro: quizá de un Lobo que merodeaba una de las tantas Villas de este país.
Yo preferiría negarme el privilegio de leer tres o cuatro de sus decantados libros a cambio de que me digan, con didáctica Oxforniana, adónde dejaron los restos de ese Prócer de las letras salvadoreñas.
Podría hasta perdonar a sus ex-compañeros si ellos dijeran una historia creíble de por qué lo liquidaron. Quizás no les gustó algún ingenioso poema o no comprendieron algún párrafo de uno de sus libros. ¡Quien sabe! ¿Quién sabe?
En estos tiempos los poetas y escritores tenemos una noticia esperanzadora y es que el sujeto que ordenó el punto final a la vida del poeta ya ha estudiado un poco y sabrá entender versos y prosa. ¡Incluso hasta en inglés!
Y los otros que todavía quedan por allí, no hay cuidado, ellos están ocupados gobernando y tampoco leen versos. Entonces sigamos adelante: ¡Escribamos en paz!
¿Escribamos? ¿En Paz?
(*) Periodista salvadoreño residente en Washington y colaborador de ContraPunto