Debate Postergado: Caso Dalton

Por Juan José Dalton

El asesinato de Roque Dalton es un debate postergado en seno de la izquierda salvadoreña 

SAN SALVADOR – “¿Verdad que vos escribiste esas babosadas de los tales Poemas Clandestinos, y los mandaste a repartir para que todo el mundo supiera que eran tuyos y que estabas en la guerrilla? ¡No lo negués, pendejo! ¡Ah y no sólo eso, te tenemos una listita de mierdas tuyas que ya vas a ver cabrón!”, dijo uno de los jóvenes que lo interrogaban, al tiempo que le pegaba una patada. (Fragmento de “Memorias de un guerrillero”, libro de testimonio escrito por el ex comandante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), “Balta”, Juan Ramón Medrano.

El interrogatorio ocurrió en una casa clandestina de San Salvador antes del fatídico 10 de mayo de 1975; entre los “fiscales” estaba Edgar Alejandro Rivas Mira –Jefe entonces del ERP-; su segundo al mando, Joaquín Villalobos (actualmente residente en Inglaterra), y Jorge Meléndez (actual concejal de la Alcaldía de San Salvador, gobernada por el FMLN). El “sentado en el banquillo” era el poeta revolucionario Roque Dalton, a quien finalmente los tres “fiscales, jueces y verdugos a la vez” -junto a otros tres que ya fallecieron- terminaron asesinando.

El libro-testimonio de “Balta” comienza con el crimen contra Dalton; es una fuente inagotable de pruebas de las arbitrariedades cometidas, en el caso referido y muchos otros más. Pero el crimen contra Dalton se mantuvo y se mantiene en la impunidad, especialmente porque la misma izquierda local se ha negado a debatir y sanar semejante herida, no sólo con la familia, sino con toda la sociedad y con la intelectualidad. Y no es que todo el liderazgo del FMLN esté involucrado en el hecho concreto, pero si en su silencio cómplice.

De acuerdo a lo investigado, Dalton fue acusado por la dirección del ERP de ser “agente de la CIA”, agente “cubano”, “revisionista”, “indisciplinado, bolo y pequeño-burgués”, pero también por ser “poeta”. Además, se confirma que antes de ser asesinado, fue sometido a torturas y vejámenes, lo cual coloca el crimen en una particular dimensión de violaciones a los Derechos Humanos: delito de lesa humanidad, lo cual debería ser materia de oficio de las instituciones de justicia y de las organizaciones de derechos humanos salvadoreñas y latinoamericanas. La mancha de gente de izquierda asesinado y torturando no debe quedar sin justicia.

Pero bien, retomemos el hecho de que Dalton fue acusado por “escribir poesía”; es decir, que un acto de creación artística fue catalogado por una dirección revolucionaria como un acto “subversivo y de traición” y que merecía la muerte. Estas y otras manifestaciones de extremismo, del pasado y del presente, continúan repitiéndose, precisamente porque el pasado no ha sido juzgado. Con suma facilidad la disidencia es acusada de “traidora” y los intelectuales siguen siendo “no confiables y desafectos”.

Recuerdo que en una ocasión la comandante Ana María –Mélida Anaya Montes-, me contaba meses antes de su atroz asesinato en Managua (a causa de disputas ideológicas), que al inicio de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) se había vivido una etapa de “enconchamiento” contra los sectores intelectuales debido a la desconfianza que se les tenía para incorporarlos a la lucha revolucionaria. Era parte de una visión extrema de “obrerismo”.

La desconfianza contra los artistas y la intelectualidad se ha mantenido; la “revolución salvadoreña” ha continuado despreciando al sector artístico-intelectual, y en el mejor de los casos continúa manteniendo una práctica “utilitario-oportunista”. Hay quienes afirmamos que los políticos sólo se acuerdan de los intelectuales en épocas electorales. No es por gusto que el FMLN tiene entre sus miembros a muy pocos o quizás a ni uno de los destacados intelectuales nacionales. La causa de ello está en el autoritarismo y en el miedo infundido por “depuraciones” como en el caso de Dalton, de Mélida Anaya Montes y los más de 800 militantes que fueron ejecutados por “Mayo Sibrián”, de la dirección de las FPL, en San Vicente. Todavía todos estos casos están en la absoluta impunidad.

Como se puede apreciar, en mi anterior comentario de este blog, si en Cuba hubo un Quincenio o un Decenio Gris; en la vecina Nicaragua también: los más destacados intelectuales sandinistas: Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Gioconda Belli y Carlos Mejía Godoy, entre otros, quedaron fuera del FSLN, precisamente por ser críticos a líneas oficiales y autoritarias. Cuba parece haber comenzado un proceso de rectificación; Nicaragua, ahora en manos del FSLN, tiene que reivindicarse y restablecer lazos que son sanguíneos. Ello abonará la legitimidad de los procesos sociales del Nuestra América.

Mientras, en El Salvador, no sólo el FMLN, sino toda la izquierda, tiene también la oportunidad de sanar esas cicatrices funestas que constituyeron los vejámenes, el asesinato, los intentos de desprestigio y de ocultamiento que aún victimiza al más destacado de los intelectuales revolucionarios salvadoreños desde hace 35 años. Comencemos por reconocer que contra Dalton hubo un crimen injusto, de lesa humanidad; otorguemos a su figura y memoria una reparación moral; retomemos su pensamiento político como parte del programa democrático transformador y enterremos las arbitrariedades y desconfianzas contra el sector intelectual. Abramos el debate…

Publicado en Blog de Juan José Dalton /12 de febrero de 2007

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