Creado en 08 Febrero 2015
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El Museo de la Palabra y la Imagen rindió homenaje al poeta Roque Dalton en su revista Trasmallo.

 

Es ya bien entrada la tarde del miércoles 4 de febrero y a este patio lleno de sillas plásticas lo adornan imágenes del poeta salvadoreño Roque Dalton. En algunas puede vérsele abrazado de algunos amigos, celebrando la victoria de quedar libre de la cárcel, en otras posando como tipo serio, y en algunas, incluso, vestido de mujer y con la cara pintada durante un desfile bufo universitario-

 

Este lugar que ahora está vacío, en unos minutos se llenará de gente, pues el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) está lanzando la octava edición de su revista, “Trasmallo”, y está vez va dedicada al poeta.

 

Dispersos entre las sillas ya se encuentran algunos, entre ellos los dos hijos del poeta, Juan José y Jorge Dalton; más allá está Aída Cañas, a quién Roque le pidió fusilar la terrible miseria colectiva junto a él, en el poema titulado “Aída, fusilemos la noche”.

 

También está el director del MUPI, Carlos Henríquez Consalvi, el periodista venezolano que dirigió la ahora extinta Radio Venceremos, la voz oficial de las fuerzas insurgentes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), en tiempo de guerra.

 

Consalvi explica que la revista Trasmallo surgió como necesidad de museo de tener un órgano de divulgación para sus constantes investigaciones, que ya han dedicado otras ediciones a temas no menos importantes como monseñor Romero, a la migración indocumentada, a la mujer en la historia…

 

“Roque tiene más vigencia que nunca en un mundo donde la pobreza no ha desaparecido, la inequidad continúa, y yo creo que frente a estas realidades sociales en nuestros pueblos de América Latina y de África, Roque Dalton, con sus pensamientos tiene muchos mensajes que darnos, en el sentido de que es necesario el compromiso y no bajar la guardia”, dice el periodista de guerra.

 

Por eso han decidido rendirle un homenaje más al poeta que murió a manos de sus mismos compañeros de guerra, a quienes incomodó con sus ideas, según relata la historia; porque su mensaje sigue martillando el pensamiento de muchos, por eso, una vez más, esta noche se seguirá recordando la poesía del Roque que no está muerto.

 

“Yo dibujo a Roque como un joven irreverente, que se reveló a la dictadura de su tiempo, que hacía desfiles bufos para burlarse del poder a través del humor, y lo veo como un hombre comprometido hasta los huesos, tanto así que dio su vida por lo que creía”, dice Consalvi, mientras imagina al poeta que no pudo conocer más que a través de sus versos.

 

***

 

Los espacios en las sillas se han ido ocupando de a pocos y de repente la casa se ha puesto llena. Antes de iniciar la presentación que terminará siendo una velada para recordar a Roque, Jorge Dalton, el hijo menor del poeta, se pasea por el patio, inquieto, observando los detalles de la celebración, saludando gente.

 

“Este esfuerzo constante del museo nosotros de veras lo valoramos; esta no es la primera ni la segunda vez que se realiza un esfuerzo aquí por recordar no solo la obra, sino también la vida de mi padre, que es lo más importante”, dice Jorge Dalton, antes de ir a sentarse junto a su madre, su hermano y Luis Alvarenga, otro escritor que aportó para la revista.

 

El acto inicia con el protocolo de siempre y al principio da la impresión de que será algo formal, cuadrado, en el que se darán los datos de siempre, las gracias, un par de fotos y al camino. Sin embargo, el primero en tomar la palabra es el escritor Alvarenga, quien sostiene un libro negro en su mano.

 

Lo primero que hace el escritor es aclarar que lo que tiene en su mano no es una biblia, sino la primera edición de “Pobrecito poeta que era yo”, de Roque Dalton.

 

“En todo lo que escribió, Roque nos permite ver la historia de El Salvador de una manera distinta, y tiene una manera formidable de inquietarnos, por eso digo que la poesía de Roque es un violento hormiguero”, dice el también escritor.

 

La oscuridad se ha adentrado, y esto tiene pinta de velada. El recuerdo se apoderó del discurso, y de hablar de su obra nos hayamos escuchando relatos de sus hijos, de “las pasadas del Roque”, de cómo fue cuando estuvo vivo, de qué diría y qué haría hoy si estuviera vivo.

 

“Para nosotros es difícil hablar de Roque como familiar, se nos hace bastante estrecho”, dice Juan José Dalton, el hijo mayor del poeta, quien ahora es periodista.

 

Juan José Dalton cuenta que por llevar el apellido de su padre le han pasado cosas divertidas, como la vez que se encontró en un banco y la cajera, al ver su apellido en los papeles, le preguntó si era familia de Roque.

 

-Sí, yo soy el hijo- contesta Dalton.

 

-¡Hay, ese señor tantas pestes que hablaba de nosotros, verdad!- responde indignada la mujer, quizá recordando el “Poema de amor” en el que Roque nos dice “guanacos hijos de la gran puta”.

 

***

 

Se nos hizo noche, y el encuentro-velada se ha terminado, el micrófono pasó por la mesa de honor donde está la familia Dalton y el escritor Alvarenga; también una niña ha hablado diciendo lo que para ella significa la obra del poeta, de cómo la ha impactado y cómo, al igual que Roque en sus poemas, algún día tuvo quince años y lloró por las noches.

 

Pero de repente se ha levantado un anciano, ha pedido la palabra y empieza a caminar levantando la voz desde el primer paso, casi nadie le escucha por más que se esfuerza. Alguien le pasa el micrófono y se alcanza a presentar. Dice que conoció a “un ruiseñor llamado Roque Dalton” y que fueron compañeros de colegio y también de chupadero.

 

“Con Roque íbamos a jugar al campo Marte, anduvimos juntos en la organización 5 de Noviembre, luego me lo encontré en la facultad de Derecho, en la Universidad (de El Salvador)”, empieza a contar el anciano al que bien se le calculan unos 90 años.

 

Con un discurso lleno de refranes y muy a la antigua, el anciano ha hecho reír e imaginar a todos. “Este es el esfuerzo de un gran equipo que yo sé que Carlos (Consalvi) es la cabeza, pero detrás hay un gran equipo, por eso les deseo lo mejor a todos, y a usted Aidita (Aída), que ni el viento me la moleste”.

 

Estallan los aplausos y la noche queda cerrada. El recuerdo de Dalton y sus letras flota en el aire, y mientras cada quien arma su conversación, al fondo suena la versión musicalizada de “Poema de amor”, la gran puteada que con tanto amor nos dejó el Roque que nunca muere.

 

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