Creado en 04 Agosto 2013
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¿Cuánto ha influenciado la obra poética de Roque Dalton a las generaciones posteriores? 

El poeta Alfonso Fajardo buscó el rastro daltoniano en la obra de poetas salvadoreños y nos comparte lo que encontró. 

 

Por Alfonso Fajardo (*)

San Salvador.- La figura de Roque Dalton ha estado presente, de una u otra forma, en diversas generaciones de poetas de El Salvador. Esa presencia se explica a través de las dos facetas principales de Roque Dalton García, su faceta poética y la política. Unidas, estas dos facetas, dan vida a un personaje fuera de lo común: a un mito, a una leyenda. La combinación de ambas vidas –fórmula explosiva en décadas anteriores– produce una suerte de big bang dentro de la historia literaria de El Salvador. Un parteaguas. Un antes y un después de la poesía salvadoreña. No obstante, esa presencia perenne de la figura de Dalton no siempre ha sido resultado de su poesía de altos kilates. Su vida como poeta revolucionario ha influido enormemente para que sea considerado un ícono de la cultura de resistencia no solamente en El Salvador sino en toda Hispanoamérica. La vida como revolucionario, sin embargo, tampoco ha sido escalera para que su obra haya podido brillar con luz propia: su poesía vale por sí sola y no necesita de grandes leyendas o mitos para valorar su grandeza.

El presente trabajo pretende establecer el nivel de influencia literaria que ha ejercido la poesía de Roque Dalton a través de varias generaciones de poetas. Es decir, exclusivamente su influencia sobre poetas, grupos, talleres, promociones o generaciones de poetas después de su irrupción en las letras nacionales, verdadera ruptura dentro la historiografía poética nacional. Por lo mismo, trataré de no comentar la influencia del personaje revolucionario. Es importante –a 38 años de su muerte– volver sobre lo que en esencia fue Roque Dalton: un poeta. La división de estas dos facetas, la literaria y la revolucionaria, no persigue desvalorizar la parte política: hacerlo implicaría seguir una línea equivocada que propugna considerar a Dalton como un ente dividido de las fuerzas sociales para convertirlo en un poeta del oficialismo, como lo quiso hacer el Estado durante la década de los noventa, queriéndose apropiar de su figura desde un oficialismo que olvidaba su carácter de revolucionario.

Frecuentemente se considera que la figura de Roque Dalton ha permanecido incólume a través de varias generaciones gracias a su fama de poeta revolucionario, sin tomar en cuenta la dimensión propiamente literaria. Esta interpretación, a mi parecer, lleva a equívocos más fuertes todavía, como es el de considerar la obra daltoniana como de baja calidad, no merecedora de todos los aplausos y homenajes que internacionalmente le brindan. Esta interpretación errada sobre la figura del poeta nace de la mala lectura que no pocos hacen de su obra, o del nulo acercamiento hacia su mejor obra, lo que unido a la lectura de sus libros menos afortunados –desde el punto de vista meramente poético– hacen que a Dalton se le considere un escritor que poco o nada tiene que ofrecer a la poesía actual. Sobre este punto regresaremos al final de este trabajo, pues es el motor del mismo.

I.Generación Comprometida

Empezaremos por rescatar varias opiniones sobre la obra daltoniana de algunos de los miembros de la Generación Comprometida, bautizada así por Ítalo López Vallecillos. En principio, pareciese poco probable que escritores de una misma generación se influencien unos a otros, o que exista un poeta que logre influenciar de una u otra manera al resto de su generación. Esto es así debido a que usualmente los miembros de una misma generación se ven como iguales, como hijos-hermanos de una misma madre-época, de manera tal que –en términos generales– no suele existir influencia literaria alguna en una misma generación. Sin embargo, para los efectos del presente trabajo, es importante recoger algunas opiniones que los mismos compañeros de generación de Dalton han establecido a través del tiempo, sobre todo porque es durante esta época que empieza a gestarse la gran obra de Roque, obra que en vida fue objeto de alabanzas y reconocimientos.

Bastan tres opiniones para enmarcar el pensamiento crítico de sus colegas de generación. José Roberto Cea, en 1971, manifestaba sobre Dalton: «En algunos poemas su lenguaje pierde validez, lo invade la retórica, ese falso lenguaje que todo lo entrega al vacío, sin vida… ha perdido el contacto con nuestra realidad; en sus últimos poemas sobre El Salvador y las cárceles de aquí, encontramos un vacío, todo es metafísico[1]». Nótese que la fecha reseñada por Lara Martínez es de 1971, es decir, dos años después que Roque ganara el Premio Casa de las Américas con su libro Taberna y otros lugares.

Manlio Argueta, en el prólogo de la Poesía escogida de Roque Dalton, dice: «… la poesía del compañero poeta se vuelve cada vez más joven, a medida que penetra en el tiempo, y en las conciencias, y en las soluciones humanas. La lectura de sus poemas requiere de una complicidad –o afinidad– ideológica. Y desde ese punto de vista su literatura tiene una desventaja en vías hacia la comunicación; su poesía se convierte en una poesía para el mañana, que es el hoy y el futuro hermoso de nuestros pueblos centroamericanos. Como escritor de ruptura que es, requiere un crítico y un lector de ruptura, que no vaya hacia el envejecimiento sino hacia la esperanza que nunca se momifica. Su poesía no podrá explicarse sin comprender integralmente el proceso histórico-político, social y cultural de Centroamérica[2]».

Tirso Canales, al comentar el que para muchos es el mejor libro de Dalton, dice: «Experimenta nuevas modalidades de técnicas poéticas, con recursos que ha logrado depurar en los años cercanos, o sea los de 1966/69, mientras vive en Praga. Manifiesta en esa obra sus conflictos ideológicos de militancia, sus acuerdos y desacuerdos con organizaciones a las que perteneció. Están igualmente dichos sus juicios sobre posiciones políticas que le interesan desde distintos puntos de vista… En este sentido es necesario subrayar el abuso que en El Salvador se hace del pensamiento de Roque Dalton, al presentarlo como alguien que no registra incidencias del devenir histórico y político de esta sociedad en relación con sus ideas personales. Yo pienso que se trata de una manifestación de desinterés por investigar y conocer el fondo de los fenómenos. Mala práctica no hay de parte del poeta, sino de quienes lo leen sin comprenderlo, sin reflexionar y por tanto, sin lograr una síntesis racional del contenido plasmado en sus escritos. En las obras de Dalton todos los elementos son pensados. No hay en este libro cuestiones marginales, aunque sí conceptos discutibles con los que se puede estar o no estar de acuerdo. Desde el punto de vista poético las libertades que Roque Dalton imprime a sus poemas, aquí se hallan menguadas por la intencionalidad ideológica que la atraviesa[3]».

En estas tres opiniones se denota que Roque Dalton era respetado como poeta, pues a pesar de existir una opinión desfavorable sobre una de sus etapas, aún en esa crítica se refleja el respeto hacia otras fases dentro de su escritura, paradoja de paradojas. En el fondo, entre colegas de una misma generación poética no hay mejor reconocimiento que el respeto de esos colegas, y en Roque Dalton se da como ningún otro poeta en El Salvador. Una última opinión de quien fuera uno de los más disciplinados de su generación, lo confirma: «Con Roque tuvimos una amistad especial, por su tipo de carácter. Él era jodedor, bromista, parrandero y jugador –como Juan Charrasqueado–, y yo también: bromista, parrandero y jugador. Pero, al mismo tiempo, éramos serios en nuestras cosas, y con una gran conciencia de lo que significa ser escritor. Él tuvo definitivamente una gran conciencia. No la perdió[4]».

II.Sesentas y setentas: Piedras, Masacuatas y Cebollas Púrpuras

Un grupo importante de la última etapa de la década de los sesenta y principios de los setenta fue, sin duda alguna, el grupo Piedra y Siglo, integrado por poetas como Rafael Mendoza, Ricardo Castrorrivas, Luis Melgar Brizuela y Ovidio Villafuerte, entre otros. No se sabe con exactitud qué tanta influencia tuvo la obra de Dalton en este grupo, pero me basta una afirmación más que explícita que se encuentra en la Revista Cultura número 97-98 correspondiente a septiembre 2007-abril 2008, número que precisamente fue dedicado a este grupo, citamos: «Uno de los aportes del grupo que nos ocupa es el haber mantenido viva la tradición innovadora de la poesía nacional, enriqueciéndola con aportes sumamente originales. Bebiendo de las fuentes daltonianas, Piedra y Siglo asumió como suya la tradición de ruptura que también comprende a Escobar Velado y a Geoffroy Rivas[5]». Suficiente para dejar constancia de la presencia de Dalton en este grupo que nació en 1967 y que publicó su primer manifiesto en 1968.

La década de los setenta empieza con la publicación de un libro bastante singular, una breve antología de siete poetas llamada Las cabezas Infinitas, una bella edición de la Dirección de Publicaciones. Los poetas antologados están Ricardo Castrorrivas (Piedra y Siglo), Mauricio Marquina, Ricardo Aguilar, Ricardo Lindo, Roberto Monterrosa (La Masacuata) y Eduardo Sancho (La Masacuata). Al releer el libro, en realidad no se detecta una influencia clara de Dalton en la obra de los entonces jóvenes poetas que en aquella época oscilaban entre los veintiuno y treinta y tres años. La publicación es de 1971. La poesía de Las cabezas infinitas se acerca a la poesía de la generación Beat sin olvidarse de la temática que en aquél entonces era efervescencia en la comunidad poética, la primigenia lucha social que se avecinaba. A pesar de todo, no dudamos que la figura de Dalton era respetada por los poetas que integraban esa breve antología, muestra de ello es la entrevista que Meme Sorto (La Masacuata) le otorgara a Contrapunto en el año 2009, en la que al preguntarle sobre los tres salvadoreños que más admiraba, sin dudarlo dice: «A Roque Dalton, por toda su vida y su obra, incluidas sus parrandas». Ricardo Castrorrivas también mantuvo una amistad con Roque Dalton, quien le prestó libros de Saint-John Perse y Jacques Prévert, poetas de culto cuya calidad es de gran altura. También en la obra de Roberto Monterrosa también se denota influencia Roqueana. Los poetas de la Cebolla Púrpura, por su parte, son los primeros en sufrir el golpe directo de la guerra civil salvadoreña, pues muchos de sus integrantes perdieron la vida en los prolegómenos de la misma: Alfonso Hernández, Mauricio Vallejo padre, Jaime Suàrez Quemain y Rigoberto Góngora. Además, del mismo grupo son David Hernández y Nelson Brizuela. Muchos de estos poetas empiezan a emular la vida de Dalton, combinando sus tareas poéticas con sus tareas políticas. Una generación trunca, en definitiva, pero influenciada por la vida y obra de Roque.

La influencia de la poesía de Dalton se hace aún más palpable en el núcleo de la siguiente promoción de poetas, nacidos dentro de la década de los cincuenta y recopilados en el libro La margarita emocionante. Estos poetas no necesariamente pertenecieron a grupos o talleres literarios, y la compilación obedece al gusto del compilador. Horacio Castellanos Moya, el compilador, lo confirma en su prólogo: «Si Gavidia es considerado el fundador de la literatura salvadoreña; sin duda que medio siglo después, con Dalton, la literatura alcanza un nivel cualitativo tan excelente que se convierte nuevamente en culminación y punto de partida. Dalton es el escritor más influyente para las nuevas generaciones: imposible ignorarlo; difícil trabajo digerirlo sin empacharse y volverse epígono; terrible esfuerzo discernir cuáles fueron las líneas poéticas que culminó y cuáles las que apenas dejó bosquejadas para su ulterior desarrollo. Con él, la poesía urbana adquiere madurez. La ruptura se radicaliza. La carga ideológica adquiere profundidad. La militancia política es llevada a su extremo. No es tan arriesgado afirmar que los seis poetas aquí reunidos tenemos conciencia de la atosigante herencia que significa Dalton[6]». Tanta influencia ejerció Dalton sobre esta promoción de poetas que a su antología la bautizaron con un verso de él: El poeta cara a cara con la luna/fuma su margarita emocionante.

A mi parecer, la generación de poetas de los setenta ya tenía asimilada aquella leyenda que ha hecho famosa Roque Dalton en el libro Poemas clandestinos: Poesía/Perdóname por haberte ayudado a comprender/que no estás hecha sólo de palabras. Esa generación empezaba a comprender que la poesía no estaba solo hecha de palabras, pero también sabían que estaba edificada a base de ellas.

Los poetas reunidos en La margarita emocionante, sin embargo, no eran los únicos poetas jóvenes escribiendo en esa época. Solo son seis poetas los reunidos en esa antología, y su selección obedece a un criterio personal del antólogo, quien así lo deja claro en el prólogo. Es, entonces, una antología de jóvenes poetas, pero que no constituyen la totalidad de jóvenes poetas de ese momento en particular. No obstante, la muestra de seis obras diferentes sí brinda un panorama –si no total– sí parcial que es suficiente para el presente estudio, sobre todo cuando nos percatamos que la mayoría de los seleccionados siguieron escribiendo y publicando en las décadas posteriores, lo cual ofrece legitimidad a las afirmaciones del prólogo en cuanto a Dalton se refiere.

III.Década de los ochenta: Xibalbá y el fuego

La generación de poetas jóvenes de los ochenta se forjó dentro de grupos o talleres literarios como Xibalbá y Patriaexacta. La «fotografía» de este grupo es el libro Piedras en el huracán, y quizá sea en esta «generación» donde más marcada se encuentra la influencia de Roque Dalton. La década de los ochenta representa el pináculo de la llamada «poesía de emergencia» o «poesía social», entendidas éstas como poéticas estrechamente vinculadas a las luchas sociales, incluyendo la lucha social desde el ámbito meramente militar. No nos detendremos a estudiar esas etiquetas en este momento: no es el objetivo de este estudio y, además, ya otros se han encargado de estudiar este tipo de encasillamientos. Por lo pronto, utilizaremos esas etiquetas para referirnos a aquella poesía que está íntimamente vinculada con las luchas sociales dentro del ámbito de la guerra civil salvadoreña, ya que inclusive algunos de los incluidos en Piedras en el huracán fueron combatientes en el guerra civil.

Para Javier Alas, su antólogo, son dos las características principales de esta «generación»: una madurez adquirida gracias a la guerra, y la riqueza formal de la poesía. Pareciera una contradicción que nos refiramos a una «poesía de emergencia» y que a su vez una de las características de la generación sea su riqueza formal, pero tampoco es el objetivo de este estudio analizar la calidad literaria de cada generación o promoción de poetas.

En este sentido, decíamos que quizá la obra de Roque Dalton se encuentre más marcada en esta generación que en ninguna otra, y es que no solamente tomó como suya la poesía de Dalton, sino también su ejemplo de poeta guerrillero o combatiente. Esa doble influencia –poética y vivencial– se tradujo en una poesía apegada los cánones de las letras de emergencia que muchas veces era escrita en las montañas. Aún los poetas que no necesariamente estuvieron involucrados en grupos militares escribieron de y sobre la guerra. A este respecto, Alas afirma lo siguiente: «El problema es que pareciera existir, en algunos casos, un intento vehemente de escribir sobre la guerra. Estos autores se han esforzado tanto –hay que reconocerlo–, que han llegado a hacer la mejor poesía de la montaña escrita desde la ciudad[7]». Habiendo establecido lo anterior, Javier Alas inmediatamente se desmarca de esos autores y, por el contrario, enumera las que para él son las características diferenciadoras entre los antologados y los autores que vehementemente escribían sobre la guerra: el lirismo desgarrado de David Morales, el desenfado de Otoniel Guevara, la «plasticidad sugerente» de Eva Ortiz, etc.

Más allá de las características de esta generación, es en esta década donde más se reflejó el matrimonio entre poética y revolución, cuyo cenit estaba en la contribución a las luchas sociales ya no solamente desde las trincheras de la palabra, sino también desde la militancia armada directa. Es por ello que decimos que la influencia de Dalton en estos autores es doble: por la militancia política y armada de algunos de sus autores, y por el ejercicio de una poesía contestataria. Sin embargo, una vez más debemos concentrarnos en la influencia meramente literaria de Dalton sobre estos poetas, y lo que expresa Alas a este respecto es claro: «La actual generación se encuentra dentro de la onda de radiación de la influencia daltoniana, pero ello es naturalísimo: Roque es el poeta más importante que le antecede a este grupo, y a los intermedios (Piedra y Siglo), Taller Francisco Díaz, La Masacuata, La Cebolla Púrpura), y el que antecederá a no pocos grupos por venir, muy probablemente[8]».

La influencia de la obra de Dalton, en esta generación, quizá se sienta más en poetas como Otoniel Guevara, Luis Alvarenga, Edgar Iván Hernández y en el mismo Javier Alas. En el caso de Otoniel Guevara, se deja ver más en poemarios como El amor más común y corriente y en Tanto. En el caso de Edgar Iván Hernández, en poemarios como Mares y Los otros; y en Javier Alas, sobre todo en algunos de sus ensayos como «Para una lectura crítica de Roque Dalton», donde propugna por apartar todo el boscaje de los lugares comunes que siempre han perseguido a Dalton, como la característica conversacional de parte de su obra y la cargada ideología de la última etapa poética de él. Luis Alvarenga, por su parte, ha dedicado buena parte de su obra a la investigación de la vida y obra de daltoniana.

En conclusión, los poetas que se dieron a conocer en los ochenta se encuentran dentro de la órbita de Dalton, ya sea por su ejemplo de vida o por la calidad misma de la obra. Creo no equivocarme al afirmar que la obra daltoniana, hasta esta década, aún no era valorada en su más amplia dimensión, es decir, aún no se tomaban en cuenta libros como Los pequeños infiernos o El turno del ofendido como verdaderas piezas literarias de alta calidad poética, pues lo que predominaba en ese entonces era el Roque Dalton mártir, el Roque Dalton como ejemplo del matrimonio perfecto entre revolución y poesía.

IV.Los noventa: continuidad, ruptura y dispersión

Los noventa, década en la que nacieron grupos literarios como Simiente, Talega, El Cuervo, Tecpán y La Fragua, fueron una suerte de continuidad, pero también una especie de ruptura en cuanto a la influencia daltoniana se refiere. Es continuidad porque la década inicia todavía con la guerra civil, y por consiguiente todavía se percibe la imagen de un Roque Dalton mártir y ejemplo. Los certámenes literarios de inicios de la década, y los libros que nacieron gracias a ellos, dan testimonio de una influencia daltoniana desde su obra más «social». Los libros surgidos de los Certámenes Literarios Alfonso Hernández y Poesía Reforma dan fe de la continuidad literaria de las «poesía de emergencia», libros publicados en los noventa, pero donde sus autores, sin embargo, son de generaciones pasadas.

La poesía joven estuvo en otra parte: dentro de los talleres o grupos literarios ya mencionados. Es en estos núcleos donde buscaremos la influencia daltoniana, ya que a lo largo de este estudio hemos sido consecuentes al buscar la influencia de Dalton en libros de capital importancia como las antologías generacionales.

Los poetas jóvenes de los noventa nunca tuvieron una antología propia sino hasta el año 2012, año de publicación de Lunáticos, poetas noventeros de la posguerra, libro que ni siquiera puede considerarse una antología sino más bien una generosísima muestra poética de prácticamente la totalidad de voces jóvenes de los años noventa. Es por ello que determinar si Dalton fue influencia literaria en la obra de estos poetas es tarea sumamente difícil.

Al revisar parte de la obra publicada en estos años, y sobre todo la publicada dentro de los volúmenes de compilaciones de ganadores de Certámenes de Juegos Florales, no encontramos una influencia marcada en la obra de los poetas allí compilados. Lejos de ello, observamos una influencia de estilos poéticos opuestos a los que normalmente se conocían de Dalton hasta la fecha. Ejemplo de ello es la poesía de Juan Carlos Cárcamo, miembro del Taller Literario Simiente y ganador de varios certámenes nacionales en esa época, en quien le vemos una marcada influencia de Octavio Paz.

La poca influencia que Dalton ha ejercido sobre la obra de los poetas de los noventa quizá la podamos encontrar en la poesía de William Alfaro (El Cuervo) y en la poesía de quien esto escribe. Es muy probable que me equivoque y que existan más obras influenciadas, pero el principal problema de esta generación fue la ausencia de publicaciones, por lo que es materialmente imposible poder rastrear ya no solamente los ratros daltonianos sino cualquier tipo de influencia literaria. En todo caso, en los que se ha logrado detectar, se puede decir que es una huella tenue en comparación con la profunda influencia ejercida en generaciones anteriores. En mi caso, no puedo dejar de aclarar que la vena daltoniana de mi poesía proviene de la parte surrealista, la encontramos en largos pasajes de libros como Los pequeños infiernos y El turno del ofendido.

A pesar de lo anterior, y paradójicamente, la generación de poetas jóvenes de los noventa, de posguerra, son los que más han contribuido a la divulgación de la obra de Roque Dalton. Por ejemplo: los poetas Carlos Clará, Osvaldo Hernández y Pablo Benítez fueron los encargados directos, a nivel editorial, de la publicación de No pronuncies mi nombre. Poesía completa de Roque Dalton, un aporte valiosísimo a la cultura nacional, un trabajo clave de Rafael Lara Martínez. Por otra parte, el poeta Pablo Benítez –quien también suele ser ubicado dentro de la generación de poetas del nuevo siglo– dirige la Cátedra Libre Roque Dalton, un «espacio nacional para el diálogo crítico y para la fuerza creadora del arte, especialmente de la poesía y de la literatura[9]».

A nuestro juicio, el debilitamiento de la influencia de la obra de Dalton en los poetas de la generación de los noventa obedece a un factor determinante: la falta de profundidad en la lectura de la poesía daltoniana. En efecto, los poetas de esta generación, frente a la inexistencia de la guerra, buscaron otros referentes poéticos para la construcción de su obra. La separación de Roque Dalton se da precisamente porque su poesía poco o nada les dice, pues ven en su obra un conjunto de textos poco cuidados y de mediana calidad literaria. Pero este enfoque, desafortunadamente, está viciado, ya que obedece a esa falta de profundidad de lectura de su obra. Nadie puede negar que los libros que más circularon de Dalton sean aquellos que menor calidad poética tienen, es decir: Las historias prohibidas del Pulgarcito, Poemas clandestinos, y Un libro rojo para Lenin. Caso aparte es Taberna y otros lugares que también ha circulado mucho y que sí tiene una extraordinaria calidad literaria. Así, el primer encuentro con la poesía de Dalton suele ser con esos libros de inferior calidad, y ello conlleva al equívoco de considerar que toda la poesía de él es igual a la de esos libros, y al encontrarse con una poesía a ratos panfletaria, los poetas jóvenes se distancian voluntariamente.

Es curioso que los esfuerzos por la divulgación y el estudio de la obra de Roque que ya hemos mencionado, se hayan dado en el nuevo siglo, es decir, después de una posible relectura de la obra, lo que presupone que ésta ha sido mal leída. Presupone, también, que la poesía fundamental de Roque Dalton suele descubrirse en una edad cronológica mayor, cuando se empiezan a seleccionar cuidadosamente las lecturas y cuando se tiene un olfato especial para detectar la gran poesía.

V.El nuevo siglo, nuevos caminos

La nueva década, ya dentro del nuevo siglo, trajo consigo una nueva promoción de poetas jóvenes que se encontraban con una realidad obviamente distinta a la de otros en épocas anteriores. Es esta la década de la liberación de la información, la edad de la eclosión del internet y sus enormes tentáculos; la época del conocimiento a través de las redes globales, las redes sociales y las comunidades virtuales. Si antes encontrar un buen libro de Arthur Rimbaud, de Jorge Luis Borges o de Octavio Paz era toda una odisea, ahora estaba al alcance de un «click».

La poesía de Roque Dalton no es la excepción. La publicación de su Poesía completa en 2005 (recordemos que ya en 1994 se había publicado una extensa antología de la mano de Rafael Lara Martínez) implicó que la totalidad de la poesía de Dalton estuviera al alcance de todos. Sin embargo (una vez más la paradoja), la libre disposición de la obra poética de Dalton fue inversamente proporcional a la influencia generada por su obra a partir de entonces. Es decir, la publicación de la Poesía completa no generó un efecto multiplicador de la influencia meramente literaria sobre los jóvenes poetas. Para entonces, la influencia extra literaria estaba totalmente descartada: ese proceso de desmitificación de la influencia extra literaria había empezado desde los años noventa y se cimentó en el nuevo siglo. Por tanto, la única baza que le quedaba a Dalton era su obra, tal y como debe y debió ser siempre.  

Si ya dentro de la década de los noventa era difícil encontrar a jóvenes poetas directamente influenciados por Roque, en el nuevo siglo el distanciamiento ha sido mayor. Aquí es donde introducimos un nuevo elemento: no por el distanciamiento significa que la obra de Dalton se haya descubierto como desprovista de calidad. A nuestro juicio, el distanciamiento obedece al mismo enfoque que llevó a muchos poetas jóvenes de los noventa a no sentirse identificados con la obra daltoniana, un enfoque en el que se miraba su poesía como una obra más cercana a las letras de emergencia que al esteticismo y riqueza literaria de otros grandes poetas universales. Un distanciamiento que, sin embargo, no es de ninguna manera ruptura con ese cordón umbilical. Vladimir Amaya, antólogo y prologuista de Una madrugada del siglo XXI, libro que reúne a los poetas de esta generación, lo explica así: «…la figura de Roque Dalton para este grupo alcanza un nuevo estado, ya no sólo es el poeta insigne de la revolución y el sacrificio. El distanciamiento generacional con respecto a Dalton ha servido para hacer más profunda su lectura fuera de todo motivo no literario. Porque Roque llega fresco a este tiempo como sólo los grandes poetas lo hacen. Su lectura es vital, pero ya no estanca, no empalaga por cuestiones extra poéticas[10]».

Esa «lectura profunda», sin embargo, no ha implicado una identificación con Dalton como poeta altamente influenciable en la obra propia. Es un distanciamiento, sí, lo es, pero no lejanía. Es ausencia de influencia, sí, pero a la vez es un hondo respeto a la obra. No es un juego de palabras. Es una circunstancia que ya se intuía desde los años ochenta: entre más distancia generacional exista de Roque Dalton, más se apreciará su obra más allá de los mitos y las leyendas. Enfatiza Vladimir Amaya en su prólogo: «En esta generación, Roque está y no está. Está en el sentido de que siempre, en cualquier punto, se vuelve a él. Y no, porque Roque es el nuevo comienzo de la ruta en la cual se busca ser el protagonista. Pero se tiene claro, sin imitaciones, sin limitaciones de ningún tipo. Es tiempo para que Roque Dalton pase a ser un legado de máxima plenitud[11]».

«Está y no está», afirma Amaya. Ciertamente está Dalton porque siempre está y estará presente por su inherente calidad literaria; y no está porque es difícil encontrarlo dentro la obra de esta promoción de poetas. Por eso acudimos al antólogo de esta generación, a quien le preguntamos el por qué de esa dicotomía de estar y no estar: «Algunos poetas de mi generación… no desconocen la importancia estética de Taberna y otros lugares y lo que significa ese libro para la ‘vanguardia poética salvadoreña’, pero en sus obras no encontrarás referentes directos con respecto a temas abordados o estilos parecidos, en esa obra y otras del poeta Dalton». Más claro no puede estar: respeto por la obra daltoniana por su alta factura poética en libros alejados de la ideología, pero ausencia de influencia en la obra personal. Al preguntarle a Amaya cuáles poetas de los seleccionados en su antología son los que él considera que pudieran estar más influenciados por Dalton, contesta: «A nivel de técnica en unos pocos, que se me hacen suficientes. Pero tampoco hablamos de una influencia tan marcada, habrá elementos, pequeños aires, que nos permitan evidenciar cierto acercamiento a Dalton, pero sobre todo sería por la lectura que los poetas jóvenes salvadoreños han hecho de las fuentes directas a las que Dalton se avocó.  En otra parcela de la antología hay poetas que se acercan sobre todo a la temática, o al estilo de desenfado de nuestro poeta mayor,  pero que a nivel de técnica no aportan mucho. Y algunos rayan en el mero señalamiento de aspectos de la sociedad».

Se trata de la misma tendencia de la generación de poetas jóvenes de los noventa, pero quizá con mucho más énfasis, pues el distanciamiento temporal ha hecho que todos los ropajes de la mitificación y la leyenda se caigan inexorablemente. De Roque Dalton está quedando lo que al final debe sobrevivir: la poesía.

VI.La órbita de Roque Dalton en el futuro

En las últimas dos décadas, la influencia de la obra de Dalton no ha sido tan marca como en décadas anteriores, y quizá se deba al tiempo específico que a estos poetas les ha tocado vivir. En la posguerra, en plenos noventa, el referente de Dalton como poeta revolucionario se empezó a desvanecer de a poco, mientras que su poesía iba quedando relegada gracias a esos primeros encuentros con su obra, que usualmente eran con los libros de menor calidad literaria. Como un fenómeno alterno, hay que decirlo, estaba la creciente efervescencia por la obra de poetas como Alfonso Kijadurías, cuyos libros Los estados sobrenaturales y Es cara musa se revelaban como el camino a seguir en cuanto a técnica literaria, mensaje y profundidad humana. En el nuevo siglo, ese distanciamiento se enfatizó hasta casi llegar a la disolución, pues difícilmente encontramos voces plenamente identificadas con la obra daltoniana, y cuando decimos la «obra daltoniana», nos referimos a ese crisol fundamental que es: mezcla de genio poético y desenfado galopante.

A pesar de lo anterior, creo que ese distanciamiento paulatino con respecto a la obra de Roque Dalton se debe, ante todo, a la mala lectura que se ha hecho de su obra a través del tiempo. En efecto, si tomamos en cuenta que lo que más ha circulado de Dalton han sido sus libros menos logrados, entenderemos esa desidia con que muchos jóvenes poetas han visto su obra: el primer contacto con la obra de un poeta es fundamental para seguirlo leyendo.

En la medida que las nuevas generaciones se introduzcan en las profundidades de la poesía fundamental de Roque, su influencia irá creciendo cada vez más. Y cuando decimos la poesía fundamental de Roque, nos referimos a poemarios o libros concretos: El turno del ofendido, Los pequeños infiernos, y Taberna y otros lugares. Será, en todo caso, una suerte de influencia recobrada, pues desde ya estamos encontrando a un Roque Dalton desprovisto del mito y de la leyenda para solo enfocarnos en lo que mejor pudo hacer en su vida: su poesía.

 

(*) Es abogado y poeta, colaborador de contrACultura


[1] CEA, José Roberto, citado por Rafael Lara Martínez, En la humedad del secreto, pág. XII, CONCULTURA, 1994.

[2] ARGUETA, Manlio, en prólogo a Poesía escogida de Roque Dalton, pág. 11, Editorial Universitaria Centroamericana, Costa Rica, 1983.

[3] CANALES, Tirso, en http://www.rdarchivo.net/literarias/cuatros-etapas-en-la-literatura-de-roque-dalton

[4] MENEN DESLEAL, Álvaro, citado por Luis Alvarenga en El ciervo perseguido, pág. 52, CONCULTURA, 2002.

[5] Editorial de la Revista Cultura número 97-98, septiembre 2007-abril 2008, pág. 7.

[6] CASTELLANOS MOYA; Horacio, compilador y prologuista, La margarita emocionante, Editorial Universitaria, 1979.

[7] ALAS, Javier, Piedras en el huracán, CONCULTURA, 1993, pág. 15.

[8] Ibid.

[9] Diario Colatino, Suplemento Cultural Tres Mil, 27 de diciembre de 2008, pág. 2.

[10] AMAYA, Vladimir, Una madrugada del siglo XXI, pág. 13.

[11] Ibid.

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