Creado en 05 Octubre 2009
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Por Tomás Andréu / Roberto Deras*

Entrevista al cantautor uruguayo Daniel Viglietti, en San Salvador.

SAN SALVADOR - Noche de domingo. Las calles de San Salvador lucen solitarias, tranquilas, pareciera que no estamos en El Salvador. En un hotel de Santa Elena nos espera Daniel Viglietti, un día después de haber participado en el Décimo Festival Verdad, organizado por la Universidad Centroamericana (UCA).

Llegamos al lugar acordado. Baja las gradas que le traen desde su habitación, le saludamos y nos acomodamos en

el silencioso vestíbulo del hotel para iniciar la conversación. Viglietti, sereno, estoico, nos va revelando, a medida que avanza la conversación, su compromiso con las causas sociales de Latinoamérica. Roque Dalton, viejo amigo entrañable del cantautor, no faltará en las remembranzas que hoy comparte con nosotros.

Partamos desde la primera vez que vino al país, de cómo conoce El Salvador

Para mí, El Salvador –época antes del exilio-, el haber conocido, el haberme cruzado con un hombre sumamente fascinante en las pocas horas en que tuve mi primer encuentro… Yo mezclo los dos encuentros que tuve con Roque Dalton… Para mí él era la llave para conocer un poco de El Salvador en aquellos años. Lo que no tengo claro en mi cabeza, -tanta acumulación de recuerdos-, es si lo vi primero en Cuba o si lo vi primero en Chile. No lo puedo recordar. Estoy seguro que lo vi en ambas partes. Me acuerdo con un poquito más de nitidez en la reunión de

Chile, porque, además, no fue un mano a mano, así personal, sino que en medio de una reunión, tomando cerveza con alegría…

Eso sí recuerdo: el clima, chistes, él era muy bromista, muy bromista y bueno, eso se ve en su trabajo, en su

obra. Tenía un humor tan especial, ese rostro tan particular de Roque: curioso, extraño. Hay unas caricaturas muy buenas sobre él. Después hubo otro encuentro en Cuba, seguramente más fugaz porque me acuerdo menos, y

para mí, ahora que lo razono décadas después –de Chile te estaré hablando del 72, Allende-. En Cuba no lo ubico bien. Posiblemente fue en el 72, 73, entonces, es probable que lo haya visto, - y por eso la confusión-, que lo haya visto en tiempos tan cercanos. Y bueno, ustedes me preguntan y yo me doy cuenta que él fue lo que primero me atrajo culturalmente de El Salvador, de su historia, porque hay que ser honesto, en América Latina hemos sido educados en una balcanización, en una alienación de no conocernos los unos a los otros… Pienso que pudo haber

otra gente que conocía mucho de El Salvador, pero también habíamos otros muchos que no teníamos información, digamos, más o menos básica…

A veces se sabía poco más de Nicaragua: la dictadura de Somoza, estos dramas, pero no se sabía de la entraña

del país, la cultura. Cuando yo voy a tomar un contacto más real con El Salvador, que no pase solo por un símbolo como Roque, con la lectura de alguno de sus libros: Tabernas y otros lugares, que fue de los primeros que llegaron

a mis manos. Creo que vio un premio Casa de las Américas… Bueno, después vendrá la realidad del exilio uruguayo, donde encuentro gentes diversas de muchos países. Entre esa gente encuentro músicos salvadoreños, algunos de los cuales me encuentro cada vez que vengo acá y son mi referente amistoso. El caso de Paulino Espinoza, los hermanos Franklin y Roberto Quezada… Así fue transcurriendo el tiempo hasta que un día… Bueno, también algunos diálogos con Eduardo Galeano que había querido a Roque y lo había conocido mucho más, y entonces me contaba anécdotas y yo con Eduardo empecé a hacer recitales en el exilio… Eduardo tiene una gran

capacidad narrativa y tiene algo muy especial cuando te dibuja a un personaje y era muy lindo lo que siempre me contaba de Roque. Sigue pasando el tiempo y yo exiliado en Francia y dando vueltas por el mundo y yo

encontrándome con estos compañeros salvadoreños, cruzándome con Roberto Armijo, cruzándome con un hijo de Armijo que era cantor, o que es cantor. No sé más nada de él. Perdí todo rastro. Hay otro grupo, con un nombre curioso musical que había un holandés… Cutu, Cutu…

¿Cutumay Camone?

¡Cutumay Camone! ¡Eso es! También lo crucé y convivimos en actuaciones… También hay otro escritor…

¿Manlio Argueta?

Sí, Manlio Argueta también. Con Manlio me pasó algo curioso. Le hice una entrevista y se me borró. ¡Qué lástima, qué lástima! Fue en un encuentro de poetas. Estaba Juan Gelman, Cardenal, Sergio Ramírez, el escritor. Esa entrevista se borró. Perdí todo rastro de él [Manlio Argueta]. Nunca supe más de él. ¿Qué fue de él?

Ahora es director de la Biblioteca Nacional

Ah, sí… ¿Acá en El Salvador, en la capital?

Sí

¿Pero él se mantiene en una posición…? Digo, es que me sorprende con un cargo oficial… ¿Tiene que ver con un gobierno progresista, supongo?

No

Está como… [Hace un gesto indicando silencio]

¿ ?

Bueno… [Retomamos el hilo de la conversación] En esos caminos, viajando por el sur de Francia, me arranca la idea de Dalton, de esto del daltonismo. Como a él le gustaba jugar, yo también me puse a jugar con esa idea, porque la idea mía era que había seres donde todo mundo se veía sin posibilidad, derrota… Hay otros seres que ven otros colores, son daltónicos. Para mí fue muy emocionante venir y cantarla acá la primera vez. No me pregunten fechas…

En mi programa de radio he hablado de Roque [se refiere a su proyecto radial Tímpano] y he pasado poemas suyos, preciosos. Aparte de todo esto, en una serie de televisión que yo empecé hace tres años [se refiere a su

otro proyecto de televisión, Párpado] yo cuento cómo nace una de mis canciones e hice un programa con una sola canción, que es Daltónica y en el medio entrevisto a Galeano. Es una pena que esto no se puede difundir acá.

Tengo dos sueños: Uno, que se pueda escuchar mi programa de radio acá en El Salvador. Lo estoy haciendo en

Uruguay, Argentina y Venezuela y dos, el programa de televisión, pero eso es todavía más complicado.

Usted ya estaba en el exilio, cuando sucedió lo de Roque… ¿Cuál fue su reacción?

Durísimo. Fue tan horrible, tan siniestra. Eso lo hablaba con amigos, lo hablaba también con Benedetti. Ah, me olvidaba decir la gran conexión que había entre Mario y Roque y ahora me acuerdo porque junto a Galeano hablábamos de la muerte de Roque. Años más tarde, me sorprendió muchísimo ver un artículo donde aparecía Joaquín Villalobos declarando, hablando el asesino, el infame asesino de Roque: Joaquín Villalobos. Roque Dalton

es uno de esos espíritus inquietos, subversivos, risueños y soñadores y todo eso que de alguna manera queda

como cómplice del alma de uno, si es que el alma existe por ahí en ese país que es el alma, debe de andar como otros, seguramente haciendo diabluras...

La hora de la cena ha llegado para Viglietti. Le esperan fuera del hotel para transportarlo a algún restaurante capitalino. Con un efusivo saludo el trovador se despide de nosotros. La sensación de haber sido participe de

aquellos tiempos difíciles nos rodea. Será la luna tal vez, pero la noche sobre San Salvador nos parece muy clara.

*Roberto Deras: miembro de   Fundacn Metáfora.

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