Creado en 12 Marzo 2013
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La ficción es una reacción contra la historia: Una conversación con Horacio Castellanos Moya
Por Evelyn Galindo-Doucette (*)

La realidad no le puede importar a un escritor de ficción porque si no, ¿cómo la destruye?  -Horacio Castellanos Moya

MADISON WISCONSIN Son las cuatro de la tarde y estamos en Nick’s, un bar tranquilo, perfecto para una conversación con el escritor salvadoreño, Horacio Castellanos Moya.  Castellanos Moya es Profesor en la Universidad de Iowa y ha venido a presentar dos pláticas en Kaleidoscopio, un congreso del Departamento de Literatura Latinoamericana de la Universidad de Winsconsin-Madison  

Estar aquí con Moya me trasporta a La Lumbre, un bar ficcional donde tiene lugar la conversación entre Edgardo Vega y Moya en El asco (1997).  De hecho, este bar lo escogió Horacio Castellanos Moya después de rechazar varios de la calle State; unos por la bulla insoportable y otros, como diría Edgardo Vega, por ser lugares “donde la gente bebe hasta reventar.”  En cambio, en este bar sólo estamos nosotros y un par de otras personas.  Es precisamente esta manera de relacionar la realidad y la ficción de Horacio Castellanos Moya lo que me interesa explorar.  Ahora podemos hablar con tranquilidad.

(A continuación sigue el fragmento de esa conversación en Nick’s en el que Horacio Castellanos Moya trata esa relación entre la realidad y la ficción en su obra) 

¿Cómo se compara una novela histórica como Tirana Memoria con otros textos históricos que influyen en la memoria colectiva nacional, como por ejemplo, Miguel Mármol de Roque Dalton?  

Para Roque Dalton era muy importante ese libro porque, para él, ese libro era una reivindicación del 32 y del movimiento comunista.  Yo no quiero reivindicar nada.  Yo no tengo ninguna causa.  Yo escribo los libros porque necesito escribirlos.  La escritura para mí no tiene que ver con un programa histórico o un programa político.  Tiene que ver con sacarme cosas que me están envenenando o con desarrollar personajes que me generan una gran curiosidad.

Roque Dalton no quería hacer ficción.  Él creía en la historia desde la perspectiva comunista.  Todos creímos en eso en algún momento.  La función de Miguel Mármol era representar esa visión.  No tenía ninguna pretensión literaria, ninguna pretensión de ficción o de crear un mundo literario.  

Roque Dalton no escribe ficción en ese libro porque para él la realidad es demasiado importante.  La realidad no le puede importar a un escritor de ficción porque si no, ¿cómo la destruye?  La ficción sólo se construye destruyendo la realidad.  Si uno le tiene mucho respeto a la realidad nunca va a escribir ficción; puede escribir poemas o escribir testimonios.  Yo no puedo respetar la realidad.  Ni siquiera puedo creer en mis sentidos.  La ficción es duda fundamental.  Es una duda profunda sobre todo y una construcción a partir de esa duda.  En ese sentido la ficción es una reacción contra la historia.  Es decir, si el historiador me cuenta esto, que esto fue así, el hombre de ficción va a agarrar esa historia y la va a contar de otra manera.  Las dos son verdades, pero son dos maneras distintas de contar una verdad.

Ahora, si mi libro contribuye a la creación de un imaginario nacional es a mi pesar.  Eso es algo propio de la literatura; no es una motivación del autor.  Si uno quiere construir un imaginario nacional se dedica a la historia.  La literatura contribuye a la construcción de un imaginario nacional, pero el autor de ficciones no se lo propone porque si se lo propone sus ficciones van a ser horribles.  Es una consecuencia por el papel que juega la literatura.

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Horacio Castellanos Moya fue el autor invitado de la Universidad de Wisconsin-Madison en el congreso Kaleidoscopio marzo 8 a 10 de 2013.

(*) Columnista de ContrACultura

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