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Sobre las brújulas de Roque Dalton

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Editado en el 2016, “Las brújulas de Roque Dalton” es el intento más ambicioso hasta la fecha de situar la obra de Roque en el paisaje de nuestra literatura, así como el primer intento de valoración global de toda su trayectoria lírica

Por Álvaro Rivera Larios

Ningún estudioso puede agotar en una obra todos los ángulos desde los cuales puede ser abordado su objeto de investigación. Así que carencias, omisiones y olvidos involuntarios pueden reprochársele a cualquier análisis global de la trayectoria de un literato. Dichas lagunas pueden ser impuestas por el enfoque teórico, el manejo conceptual, la economía de la exposición o por limitaciones editoriales. Dicho esto, hay que arriesgarse a señalar las posibles carencias significativas de “Las brújulas de Roque Dalton”, largo y minucioso libro que debemos agradecer a Luis Melgar Brizuela.

Ningún balance de la poética daltoniana puede hacerse ya ignorando los aportes hechos por Melgar Brizuela en su trabajada reflexión sobre las raíces y la trayectoria creativa del autor de “Taberna y otros lugares”. Esas raíces, Melgar Brizuela las enmarca doblemente: en el panorama general de nuestras letras, en el juego de sus contrastes y oposiciones (las que bosqueja entre los lenguajes y miradas de Gavidia, Masferrer y Dalton), pero también sitúa al poeta como el “efecto” de los problemas y las búsquedas de ese “sujeto colectivo” que, según él, fue “la generación comprometida”.

Dicho enmarque es el prólogo necesario del análisis crítico de todos los poemarios que publicó Dalton. En este punto de su tesis, Melgar Brizuela no solo juzga esas obras líricas por separado sino que también las articula en una línea de desarrollo literario que, en la etapa final de la vida del poeta, habría desembocado en una posible involución estilística. A esta última hipótesis, central en su libro, la acompaña otra: la de la gran influencia posterior que el autor de “Taberna” ha tenido en nuestra lírica.

 

La vía que se utiliza en Las brújulas para ubicar al poeta en la historia de nuestras letras es la de las afinidades y oposiciones que hay entre su voz y las de Gavidia, Masferrer y Salarrué. Al margen de lo que opinemos sobre este procedimiento, nos sitúa en el seno de “nuestro campo literario” y de las luchas que en él se han librado a lo largo del tiempo para establecer jerarquías y determinadas maneras de concebir la naturaleza y el papel de la literatura en la sociedad. Sin embargo, estos desarrollos y contradicciones no dejan de ser el singular capitulo salvadoreño de movimientos y problemáticas que se han dado en una escala continental más amplia en el mundo de las letras latinoamericanas. Aunque Melgar Brizuela es consciente de esta escala en la que su objeto de análisis se haya inserto, dado que ocasionalmente la menciona señalando su importancia, a sus “Brújulas” les falta un apartado que señale y explore con claridad esta dimensión literaria internacional. Para enmarcar la azarosa trayectoria creativa de Dalton hay que vincular los peculiares adentros de “nuestra historia literaria” con los importantes “afueras” con que esa dinámica interna está vinculada.

Los 50 fueron años donde se empezó a cuestionar a cierta estética regionalista que había gobernado las artes y letras durante la primera mitad del siglo XX latinoamericano. En México, Perú, Argentina, etcétera, artistas y escritores fueron abandonando el paisaje nativo y el mundo campesino para trasladarse a la temática urbana con un lenguaje cosmopolita que sospechaba del realismo y la singularidad romántica. A la “generación comprometida” hay que ubicarla también en dicho plano y su momento: el de los procesos que constituyen la historia de las artes y las letras de América Latina en la segunda mitad del siglo XX. El mismo “desarrollo” estético de Roque Dalton sería inexplicable sin tomar en cuenta los debates político-literarios que hizo posible la revolución cubana. Melgar Brizuela menciona esta dimensión que rodea a su objeto de estudio, pero no le dedica con claridad un apartado que subraye su entidad y su gran importancia. Esta carencia de sus “brújulas” sería perfectamente subsanable en una segunda edición del libro.

 

Melgar Brizuela no cree en los genios aislados, en los artistas que surcan el cielo de una literatura como meteoros solitarios. Dalton para él sería la nota más experimental de un “grupo sujeto”: la generación comprometida. A los creadores que incluye en este grupo los hace compartir edades cercanas y un punto de vista más o menos común frente al horizonte político y cultural en el cual se habían formado. Comparten modelos (Neruda, Geoffroy Rivas, Escobar Velado, etcétera), sospechas acerca de referentes literarios nacionales (Masferrer, Ambrogi, Salarrué) y cosmopolitas ganas de abrirse al mundo.

Y sí, tiene razón Melgar Brizuela, es posible que dicho sujeto grupal comparta los mismos rechazos y dolores de cabeza ciudadanos y creativos, pero esos lazos vinculantes, al mismo tiempo que propiciadores, solo son sostenibles como una identidad colectiva precaria. Más allá de que algunos compartiesen la intención de vincular la literatura con la política, el soñar con el hacer, un superficial examen de sus trayectorias como escritores revelaría que entre ellos se dieron diferencias y divergencias en la manera de concebir las letras dentro del compromiso. Dalton surgió dentro de las redes de una generación, pero su poética no puede imputársele a ese grupo de procedencia.

Nuestro crítico es consciente de eso, de las fracturas estéticas dentro de la generación comprometida, y señala el desacuerdo entre un presunto “guanaquismo” de Dalton y el cosmopolitismo de Menéndez Leal. En mi opinión, tanto el uno como el otro fueron escritores cosmopolitas distanciados por maneras distintas de relacionar sus voces literarias con las tradiciones mesoamericanas. El rescate literario “moderno” de ese pasado aborigen tendría que haber acercado a Dalton y José Roberto Cea, pero sus propuestas creativas no eran semejantes.

Ni todos los compañeros generacionales de Dalton lo siguieron en sus experimentos formales ni todos los presuntos daltonianos que vinieron después asumieron los presupuestos vanguardistas de su poética. Lo más probable es que nuestro poeta fuese asumido como un emblema ético, pero sin adoptar necesariamente su estética.

Hay un material precioso en el análisis pormenorizado que hace Melgar Brizuela de todos los poemarios daltonianos. En dicha “base empírica” se apoya para sostener de forma discutible una teoría sobre el desarrollo literario de Roque. No existe en “Las brújulas”, sin embargo, un análisis semejante donde pueda apoyar su otra tesis: la de la gran influencia literaria daltoniana. Y es por eso que esta suposición no es más que una hipótesis que habrán de confirmar o matizar investigaciones futuras sobre la poesía salvadoreña posterior a 1975.

Si algo positivo arrojan los análisis pormenorizados que Melgar Brizuela hace de los distintos poemarios de Roque es que son la panorámica de una ebullición compleja que, a pesar de las grandes loas al poeta, es dudoso que haya tenido herederos dignos de serlo.

Ni la moralidad ni la ideología, presentes a lo largo de toda la vida ciudadana y literaria de Roque Dalton, le impidieron siempre ser literariamente complejo. “Taberna y otros lugares” reboza tanta ideología como “Poemas clandestinos” ¿Es el menor o mayor peso de la ideología lo que explica sus diferencias estilísticas? ¿A más ideología más simplicidad estilística?

Creer que la simplicidad estilística es el rasgo que define al panfleto supone ignorar que una película formalmente compleja como “El triunfo de la voluntad” era un himno rupturista a la belleza puesto al servicio del nazismo. Hay, pues, complejidades artísticas panfletarias.

Deberíase, por lo tanto, buscar otras hipótesis para explicar la simplicidad formal de “Poemas Clandestinos” y debería discutirse si la simplicidad formal en la trayectoria de un poeta complejo es señal de involución literaria ¿Suponen la “Odas elementales” de Neruda una involución respecto a su “Residencia en la tierra”? Según Cicerón, gran orador era aquel que sabía manejar con criterio de oportunidad la palabra sublime y la sencilla. A veces, ambas podían estar presentes en diferentes zonas del mismo discurso.

Rodeo con estas reflexiones, con estas preguntas, la hipótesis que formula Melgar Brizuela para explicar la simplicidad de “Poemas Clandestinos”: “el factor pragmático determina de tal modo la semiosis, que se cae en un ideologismo a causa del cual la estructura formal se simplifica frecuentemente hasta hacerse banal, perdiendo originalidad, llegándose en algunos casos extremos al panfletarismo propagandístico” (Las brújulas de Roque Dalton, página 480).

No todas las simplicidades pueden imputarse a la ideologización, ni todas las complejidades formales se hayan a salvo de ser panfletos, ni todos los textos sencillos suponen una caída en la trayectoria de un creador. En la hipótesis de Melgar Brizuela respecto al estilo de “Poemas clandestinos” hay supuestos discutibles que él no problematiza.

Los poemas fallidos del último Dalton no se deben tanto al estilo como a su resolución conceptual, a su voluntad de erigirse en poeta maestro y guerrillero que da respuestas y no plantea enigmas, problemas. Un rasgo del panfleto, al proporcionar una iluminación masticada, sería su paternalismo autoritario con aquel público al que concretamente se dirige.

La retórica era el arte de introducir con fines persuasivos al lector y a la situación concreta en el texto. La deixis y la dialogía de las que Melgar Brizuela tanto habla en sus “Brújulas” aparecieron con toda su urgencia y brutalidad en los días finales de un poeta que a lo largo de su trayectoria se había enfrentado de diversas maneras al difícil problema de conciliar el lenguaje de la vanguardia literaria con la pulsión comunicativa.

 

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