Artículos

Roque Dalton: No reflejar la realidad sino transformarla

Imprimir

rdalton1

Fue un largo camino el que el poeta salvadoreño Roque Dalton recorrió -desde La ventana en el rostro y El turno del ofendido (con su vital bisagra en Taberna y otros lugares) hasta Un libro rojo para Lenin, pero sobre todo hasta Historias y poemas de una lucha de clases- para lograr, como dice el poeta cubano Víctor Casaus, que militancia y poesía no sean dos oficios diferentes sino complementarios.

 Por Norman Petrich

“En mi caso ha sido posible estructurar mi obra poética en el sino de una militancia política, o sea, me acostumbré a escribir en la clandestinidad. Pero evidentemente existe otro nivel. He tenido conflicto cuando he tenido problemas ideológicos. Cada vez que he experimentado una desgarradura, ha sido porque se me planteaba una contradicción entre una posición política y una posición ideológica expresada en literatura. En la medida en que pude superar mis debilidades en este terreno, di pasos hacia delante, en la medida en que no los pude superar, tengo aun conflictos”, le afirma Roque Dalton a Mario Benedetti en la ya famosa entrevista que luego sería recogida en ese indispensable libro que se llama Los Poetas Comunicantes.

Fue un largo camino el que este poeta salvadoreño recorrió -(proceso muy doloroso, con grandes contradicciones, con caídas, retrocesos, recaídas, avances, como él mismo lo dice en otra parte de la misma entrevista) desde La ventana en el rostro y El turno del ofendido (con su vital bisagra en Taberna y otros lugares) hasta Un libro rojo para Lenin pero sobre todo hasta Historias y poemas de una lucha de clases- para lograr, como dice el poeta cubano Víctor Casaus, que militancia y poesía no sean dos oficios diferentes sino complementarios.

Historias y poemas de una lucha de clases se conoce comúnmente por el nombre de Poemas Clandestinos, título que llevará en su edición mimeografiada de 1977, siendo este más largo el que el original. Tal vez colaboró a la confusión el hecho de que fue escrito completamente en la clandestinidad y que se valiera, para seguir en contacto con su pueblo, de cinco heterónimos que son referentes o dirigentes de la lucha de liberación nacional llevada a cabo, en esos tiempos, en El Salvador. Cada uno con una mirada diferente de la realidad que aqueja a su país.

El primer apartado corresponde a Vilma Flores, bajo el sugerente título de “Todos son poemas de amor”. En los pocos datos biográficos que Roque deja nos dice que ella abandona su carrera de Derecho para trabajar en una fábrica textil y, de esa forma, poder participar en la organización de la clase obrera de manera total. Allí Dalton nos habla de la moral poética, de la eficacia del poema, en épocas donde se le da oportunidad al Sistema para que se lo cobren día a día

El tema de la plusvalía es tocado con esa ironía heredada tan justamente de Brecht y de cómo el sueldo de uno es el robo a dos.

Los oficios domésticos de la mujer
le crean al hombre el tiempo
para el trabajo socialmente necesario
que no se le paga completo
(la mayor parte de su valor
se la roba el capitalista)
sino sólo lo suficiente
para que viva y pueda
seguir trabajando,
pago con el cual
el hombre vuelve a la casa
y le dice a la mujer
que ái que vea cómo hace
para que le alcance
en la tarea de cubrir todos los gastos
de los oficios domésticos.

Es una mirada románticamente dura, la de Flores, que se expresa en gran forma en “tercer poema de amor”

A quienes digan que nuestro amor es extraordinario
porque ha nacido de circunstancias extraordinarias
diles que precisamente luchamos
para que un amor como el nuestro
(amor entre compañeros de combate)
llegue a ser en El Salvador
el amor más común y corriente,
casi el único.

El segundo apartado lleva la firma de Timoteo Lúe, estudiante de Derecho y dirigente indígena que participa en el levantamiento de 1932 (levantamiento cuyo derrotero había dejado reflejado con el testimonio de Miguel Mármol en el libro que lleva ese nombre) Este joven viene a echar por tierra el famoso apotegma de Mallarmé, el cual sentenciaba que la poesía no se escribe con ideas. Es de su boca que Roque hace salir su famosa “arte poética 1974”:

Poesía
perdóname por haberte ayudado a comprender
que no estás hecho sólo de palabras

Jorge Cruz es el tercer heterónimo que Roque Dalton utiliza y pertenece a un dirigente católico que realiza su labor de concientización cristiano-revolucionaria entre los trabajadores rurales. Su forma de ver la fe queda expresada desde los títulos (Poemas para salvar a Cristo, Sobre el negocio bíblico) o en el trepidante poema “El credo del Che”

El Ché Jesucristo
fue hecho prisionero
después de concluir su sermón en la montaña
(con fondo de tableteo de ametralladoras)
por rangers bolivianos y judíos
comandados por jefes yankees–romanos.

Lo condenaron los escribas y fariseos revisionistas
cuyo portavoz fue Caifás Monje
mientras Poncio Barrientos trataba de lavarse las manos
hablando en inglés militar
sobre las espaldas del pueblo que mascaba hojas de coca
sin siquiera tener la alternativa de un Barrabás
(Judas Iscariote fue de los que desertaron de la guerrilla
y enseñaron el camino a los rangers)

Después le colocaron a Cristo Guevara
una corona de espinas y una túnica de loco
y le colgaron un rótulo del pescuezo en son de burla
INRI: Instigador Natural de la Rebelión de los Infelices

Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su asma
y lo crucificaron con ráfagas de M–2
y le cortaron la cabeza y las manos
y quemaron todo lo demás para que la ceniza
desapareciera con el viento
En vista de lo cual no le ha quedado al Che otro camino
que el de resucitar
y quedarse a la izquierda de los hombres
exigiéndoles que apresuren el paso
por los siglos de los siglos
Amén

Juan Zapata (otro estudiante, de sociología, en este caso) es quien realiza una especie de “revisionismo del revisionismo” salvadoreño y en ese accionar se permite (entre otras cosas) dar un consejo para el pueblo de El Salvador

No olvides nunca
que los menos fascistas
de entre los fascistas
también son
fascistas.

Luis Luna (Zapata y Luna remiten a Mario Zapata y Alfonso Luna, dirigentes universitarios fusilados junto a Farabundo Martí), estudiante de Arquitectura y posteriormente de Sociología, de mirada filósofo-política profunda, llena de ironía y humor negro, cierra la lista de heterónimos. A él pertenecerían clásicos poemas como “Sólo el inicio”, “Cartita”, “El Salvador será”, y su mirada llega hasta latitudes y latidos cercanos:

No me extraña que calumnien 
a la Honorable Junta Militar de Chile 
los comunistas son así
… 
dicen que el General Martínez
mató en menos de un mes 
a más de treinta mil guanacos 
Eso es una exageración: 
los muertos comprobados no pasaron de veinte mil
los demás 
fueron considerados desaparecidos.

Dice Alfonso Quijada Urías: Uno de los grandes méritos de Roque Dalton es que supo con verdadero sentido creador y revolucionario, hacer suyo el lenguaje de su pueblo y acrisolarlo dentro de la más humana ternura. No fue algo premeditado, sino fruto del amor, el exilio, de la inconformidad, del dolor humano, ya que Dalton nació, creció y murió con ese lenguaje que aprendió en el barrio, en el bar, en la cárcel, en la universidad, en la casa de putas, en el partido, es decir en la vida misma.

Pero no se llega a esto de un solo salto. El mismo Roque cuenta en una entrevista que “en Chile, tras el consejo de un sacerdote de anotarme en la Universidad Nacional en vez de la Católica, tuve amigos comunistas, al principio sin saberlo, luego con conciencia, pero lo cierto es que pasé de ser un católico conservador a uno progresista, social cristiano. Comisionado por una revista de Chile en la que trabajaba, traté de hacerle una entrevista a Diego Rivera, en uno de sus malos momentos. Empezó a responder cortésmente las preguntas hasta que no sé por qué se le ocurrió preguntarme mi filiación política. Social cristiano, le dije. Entonces el me preguntó que cuántos años tenía. Le dije que 18 años, entonces me preguntó si había leído marxismo. Entonces yo le dije que no, entonces me dijo que yo tenía 18 años de ser un imbécil y me echó. Quedé horrorizado, por supuesto. Pero después de salir y conocer lo que era Diego Rivera, empecé a investigar, y a estudiar marxismo. Por primera vez en la vida alguien me había dicho que era un imbécil. Regresé a El Salvador con algunas lecturas marxistas, rudimentarias, logradas de una transformación que podríamos llamar poco seria, porque a nadie se le ocurre que haya una transformación seria de una ideología por un incidente personal con una persona famosa, pero lo cierto es que pude descubrir mi país, un país desconocido, pude descubrí las contradicciones de clase, la miseria terrible, sus orígenes, etc. Me sentí tan aterrado y responsable de muchas cosas, me sentí tan estafado por lo que me habían dicho antes, que simultanea y vertiginosamente empecé a derivar hacia la poesía y una posición marxista militante”.

En este libro más que en cualquier otro queda bien reflejado el pensamiento daltoniano de que su poesía como “fenómeno cultural no es una cosa aislada sino que ha surgido, sin tratar de lesionar la modestia, dentro de la historia de la literatura, dentro del desarrollo de las letras de un país determinado, merced a una serie de influencias, de lecturas, a una serie de vivencias que han venido a concretar una obra que, según dicen, tiene matices personales”.

Después de todo, Roque, estaba convencido de que a los poetas revolucionarios no les debía interesar reflejar la realidad, sino transformarla.

Fundación Roque Dalton

RDarchivo