Creado en 06 Febrero 2013
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Testimonio de Miguel Ángel Azucena, amigo de Roque Dalton. Una historia de cuando el poeta tenía 15 años

Por: Miguel Ángel Azucena 

Quiero expresar un breve testimonio acerca de la persona de Roque Dalton, cuando él solamente contaba con quince años de edad.

 

Conocí a Roque allá por 1950, esto fue en el Barrio San Miguelito. Su casa estaba ubicada entre la 5 de noviembre y la 2ª. Av. Norte, es decir la tienda Royal.

 

Roque nació en mayo de 1935 y yo en enero de 1932, ambos vimos la luz casi al fragor de las balas asesinas de del general Hernández Martínez, fue un periodo que marca la página más negra de nuestra historia, pues alrededor de 30 mil obreros y campesinos murieron bajo las botas de un ejército servil, que no escuchó el clamor de la gente pobre que solo reclamaba sus derechos y su deseo de vivir en condiciones más humanas. Roque escribió mucho sobre este tema y fue enemigo acérrimo de las dictaduras.

 

 

A la tienda Royal llegábamos muchos vecinos a comprar; yo entraba con frecuencia y recuerdo que en una de las veces que yo llegué ahí, eran como las nueve de la noche y estaba cayendo una gran tormenta con rayos y centellas.

 

 

En la tienda había un teléfono y cualquier cliente podía solicitarlo en alquiler; pero en lo mejor de la tormenta eléctrica, Roque estaba hablando en ese teléfono. La niña Mary, su mamá, le dijo: “Roquito: no esté hablando por teléfono, es muy peligroso con esta gran tormenta”. El muchacho muy obediente colgó el teléfono… a mí me gustó mucho esa demostración de respeto, pero nunca imaginé que Roquito se iba a convertir con el tiempo en uno de los  más renombrados escritores de Latinoamérica.

 

Diez años después, obtuve una plaza de impresor en la Editorial Universitaria, su director era Ítalo López Vallecillos. Lo importante es que fue ahí donde volví a ver a Roque Dalton; él ya era miembro de la “generación Comprometida” y por su talento literario se le consideraba un magnífico poeta y gran defensor de las causas liberadoras.

 

Por ese tiempo yo estudiaba la carrera de licenciatura en Letras y esto me permitió conocer a reconocidos escritores salvadoreños empezando por Roque Dalton, Ítalo López Vallecillos, Roberto Armijo, Salarrué, Trigueros de León, Quijada Urías, el “Pichón” Cea, Manlio Argueta, Tirso Canales, entre otros. Todos hacían de la Editorial Universitaria un sitio de encuentro. Fueron los mejores tiempos de la UES.

 

 

El estilo caustico de Roque Dalton

El intelectual está obligado a responder con los hechos a su pensamiento de vanguardia, so pena de negarse a sí mismo, en un continente donde la superioridad moral es una de las pocas tarjetas de presentación que exige el pueblo, para escuchar a quienes solicitan sus adhesiones.

 

Con estas palabras, Roque Dalton resume su pensamiento político-literario. Y es que él, desde sus inicios, se ubica en el lugar que le corresponde. Estaba consciente que al igual que su compañero de lucha, Otto René Castillo (guatemalteco), de su compromiso con las causas que siempre consideró justas, abrazándolas hasta las últimas consecuencias.

 

Fue un 10  de mayo de 1975 que su muerte física conmovió las conciencias de los intelectuales del mundo. En efecto, Roque Dalton  cae asesinado para nacer más vigoroso, más humano, más poeta, dejando para las nuevas generaciones su constante reclamo por una sociedad en donde el soporte de la armonía venga de una paz generada por la justicia.

 

Su estilo caustico

En su viaje poético cambiante, “la realidad queda aprisionada en múltiples formas”. Su sensibilidad convierte la palabra en eficaz y plena comunicación.

 

Tanto la prosa como la poesía de Roque se caracterizan por el lenguaje irónico o sarcástico, por su humor agudo penetrante, por su lenguaje caustico, vitriólico. A eso se debe que muchos que lo leen se sienten fácilmente aludidos.

 

Así, el corrupto, el demagogo, el falso líder, el traidor, el poeta mediocre que compromete su pinche pluma por una pinche paga, o el poeta dandi acostumbrado a la buena vía, no lee y si lo hace no acepta sus mensajes, sus ideas, su visión de mundo,  porque Roque desviste al más engreído de los intelectuales y lo deja nuevo para ver si así reflexiona de su inconsciencia, de su evasión de la realidad o de su ignorancia.

 

En el contexto salvadoreño y en la época que le tocó vivir y que perfectamente pueda ser la época actual, Roque dirige la crítica hacia los “profesionales” entregados a la cultura oficial y los ubica como “pequeños burgueses”.

 

Así, desde su obra Pobrecito poeta que era yo, la emprende contra la profesión de las leyes, cuando quienes la profesan no cumplen con los verdaderos objetivos de una profesión sana, al margen de toda corrupción y en beneficio de las mayorías necesitadas.

 

La carrera de Derecho fue la que estudió Roque en la Universidad de El Salvador y a pesar de ello, él no vaciló en combatir a los abogados mafiosos, a los que sin ningún escrúpulo dejan en la calle al pobre cliente. Sobre ello decía al respecto:

 

“En El Salvador, al contrario, mientras uno es más juez, o es más fiscal, más estúpido es, en el sentido social del término, es decir, más hijo de puta, más vil, más valeverguista, con el inválido, más panzaclara, más criminal, más ya la caga”, señaló Roque en su obra Pobrecito poeta que era yo, de la editorial Universitaria Centroamericana.

 

Con este estilo tan peculiar en Roque, asesta golpes a los malos profesionales, a los falsos profesionales, a los aprovechados médicos, ingenieros, arquitectos, etc. Y agrega: “Cuando yo asomé las narices en la universidad, supe de inmediato que sólo soportaría las aulas de la Facultad de Filosofía o de Antropología, las ciencias más decentitas de hoy”.

 

Leer a Roque en su poesía, testimonio o narrativa, es tomar conciencia de clase o hacerse el loco, cosa que a muchos no les cuesta. Qué tal la siguiente receta que el mismo Dalton hacía:

 

           Cartita

            Queridos filósofos

           queridos sociólogos progresistas,

            queridos psicólogos sociales:

             No jodan tanto con enajenación

             aquí donde lo más jodido

             en la nación ajena

 

O este otro mensaje: 

               Taberna (fragmento)

              ¿Por qué no hablamos de los poetas

              Cósmicos, de la ecuación que Marco

              Polo representa, del orden alfabético en Shangai?

                Lo único que sí puedo decirte es que

              la única organización en el mundo de los hombres

              es la guerrilla.

                Todo lo demás muestra manchas de pudrición.

                La iglesia  católica comenzó a heder

              cuando las catacumbas se abrieron a los turistas

              y a las más pobres putas

              hace más de diez siglos:

              Si Cristo entrara hoy al Vaticano

               pediría de inmediato una máscara contra gases.

 

En el ejemplo anterior además del exteriorismo, encontramos ese estilo caustico que tratamos de hacer notar como algo propio del poeta y que le permitió crear una obra de mucha trascendencia y de lo  intemporal contenido, en contraposición con la poesía vana, inocua, de poetas que escriben por entretenimiento o que lo hacen para mantener un estatus que no beneficia a las mayorías y que por consiguiente no tiene  aplicaciones prácticas en el proceso de liberación cultural tan necesario para nuestros pueblos en Latinoamérica.

 

(*) Miguel Ángel Azucena es escritor salvadoreño.

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