Creado en 11 Diciembre 2009
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Por Manlio Argueta*

El escritor Manlio Argueta recuerda las experiencias sobre los libros de Roque Dalton 

En 1975, meses antes de la muerte de Dalton, tuve en mis manos algunos de sus originales literarios. Me los pasó Ítalo López Vallecillos en ese entonces Director de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA, San Pedro Montes de Oca, Costa Rica). Fui más de ocho años jefe de producción de dicha editorial y el poeta Ítalo me pedía opinión, y más si se trataba de libros de Roque.

Entre otras cosas, Ítalo me puso a prueba para que adivinara de quien eran unos poemas (en esos tiempos me ufanaba de conocer solo por su estilo a cualquier poeta de nacionalidad centroamericana, por el ritmo o pequeños detalles). Me leyó varios poemas y casi me daba por vencido, hasta que le oí un detalle que me hizo decir: “Esos poemas, solo puede escribirlos Roque Dalton, aunque tengo mis dudas”. Se trataba del poemario: El amor me cae más mal que la primavera, donde Dalton daba otro salto hacia un estilo diferente. Faltaba pocos meses para su asesinato.

Ítalo me dijo que, además, había recibido Las Historias prohibidas del pulgarcito, y Miguel Mármol. Me pidió parecer en especial, de Las historias prohibidas... Le di mi aval (pues había leído algo de esa obra ¡desde 1960! aunque Roque no tenía aun configurado el libro). El poeta Ítalo no estuvo de acuerdo con publicarlo y se decidió solo por Miguel Mármol.

Años después, me contaba Eduardo Galeano que Dalton había enviado Las Historias… al Premio Casa de Las Américas, que a él le había parecido como premio, pero el problema fue que lo envió al género de poesía, y los jurados dudaron de ubicarlo en ese género; ni le encontraron ubicación. Ahora es el libro más internacional y más leído de Dalton (más de 20 ediciones en Siglo XXI, México).

Meses después el fundador de la Generación Comprometida, Ítalo, regresó a El Salvador para hacerse cargo de UCA, Editores (1976). Quedé como director de EDUCA en Costa Rica. Roque ya había sido asesinado.

Al revisar los archivos de EDUCA descubrí que había tres obras más de Dalton: Un libro rojo para Lenin, Pobrecito poeta que era yo… y Poemas de una lucha de clases (un título horrible). Decidí publicar los dos últimos y envié el Libro rojo… para la editorial sandinista Nueva Nicaragua.  Ignoro si esta edición corresponde al original. Tuve la sensación que había sido cortada, no estoy muy seguro pues desde mi lectura del original en costa Rica hasta leerlo en la edición de Nueva Nicaragua había pasado más de un año.

Di para hacer la portada de Pobrecito poeta… a un diseñador francés (Pierre Eppelin), quien me presentó varias muestras, ninguna me satisfizo. Creo que a Pierre le faltaba cierto toque salvadoreño (no tenía por qué tenerlo, pese a ser un profesional y había leído la obra antes de hacer el diseño y me había pedido que le describiera la personalidad y le diera un significado más amplio de Dalton).

Acudí entonces al poeta José Luis Valle que trabajaba como corrector y editor de una colección infantil en EDUCA, y le pedí que debía hacer una portada especial, pues Pierre Eppelin me había fallado y solo teníamos veinticuatro horas porque la imprenta esperaba desde una semana antes dicha portada. Otro día me llevó la excelente portada. De mi parte solo le agregué en la frente un perfil de paloma con un cielo azul de nubes, del belga René Magritte, todo fue apresurado pero certero. Ver portada en esta web de esa edición de 1976

Me pareció totalmente alusiva: un joven con una cinta metálica y un candado en la frente. Algunos pensaban que era la foto del mismo Roque Dalton, pero Valle había encontrado esa foto en la publicidad de una revista de variedades.

Esa edición de Pobrecito poeta…, lleva un epílogo con un trabajo de Julio Cortázar en honor a Dalton, que se lo agregué sin permiso del poeta porque me parecía un bello y gran homenaje al poeta asesinado.  La edición es única, pues luego vinieron otras ediciones, cuando dejé EDUCA para dar clases en la Universidad de Costa Rica, y suprimieron ese epílogo.

También decidí (los editores tienen este derecho) de cambiar el nombre, Poemas de una Lucha de clases, por Poemas Clandestinos. Y me propuse esta vez hacer yo mismo la portada: una silueta en negro de un soldado desde la claraboya de un cuartel, la sombra tiene un fusil, y como marco tiene la textura de una pared amurallada. Por desgracia no conservo ningún ejemplar, aunque he buscado este edición en la venta de libros usados de Costa Rica, es posible que algún amigo tico lo tenga en su biblioteca.

Años después, me dediqué al trabajo freelancer en varias editoriales; entre ellas en EDUCA, cuyo director (el salvadoreño Sebastián Vaquerano, ahora embajador de El Salvador en Costa Rica) me pidió que cuidara la edición de Poemas Completos. (Siento mucho rebatir a mi buen amigo Dr. Rafael Lara Martínez, pero esos poemas y selección los hizo Dalton mismo, en su máquina de escribir algo deteriorada, los originales llegaron de Cuba, tenía el defecto de no imprimir bien la letra “e”). Lástima que no conservé el original, lo dejé en la imprenta, pero si los herederos de Dalton los tienen se puede comparar y ver que no se hizo ningún cambio.

Lo que pasa es que los poetas pueden reescribir un poema a la hora que quieran. Yo mismo, en los casos que he leído mis poemas, me animo a corregir versos de los años 60, un proceso que solo la locura creativa puede entender.

Poemas completos, selección de Dalton, y prólogo mío, tiene de portada la foto del sobre manila de correo, con la letra de Dalton y las estampillas de envío. (La idea de esta portada fue de Vaquerano). No sé cómo llegaron por correo o si yo nunca descubrí el sobre de correo aéreo cuando fui Director de EDUCA.

Resumo: En 1964, Roque Dalton es secuestrado, lo interroga una persona llamada Aníbal, de origen cubano pero esta vez había llegado a El Salvador desde EE. UU., (aunque dijo que llegaba de Cuba), supe después su procedencia por el mismo Dalton.

El poeta sale de El Salvador y se va a Checoeslovaquia con su grupo familiar (1964). Dalton me aconseja que yo también debo salir pues Aníbal le mostró una foto mía preguntándole si me conocía. Respondí al poeta que  los únicos viajes realizados hasta ese tiempo, era los del exilio. Me iba a quedar: “me defenderé con mi poesía” (retomé el consejo que él me había dado años antes en el poema “Postal a Manlio” de escribir más y dejar de poner “en pie a la pólvora”). No tenía otra salida. Los premios literarios me permitieron pagar la deuda acumulada por meses en la familia y tener incidencia pública. Años después le fui desleal a la poesía y me dediqué a la novela, 1967, cuando escribí El Valle de la Hamacas (Premio Único del Consejo Superior Universitario Centroamericano, CSUCA).

En 1972, me asilo en Costa Rica. Desde aquí gané el premio latinoamericano de novela con Caperucita en la zona roja (1977) y me invitaron a ser profesor de la Universidad de ese país (UCR). En 1984 renuncio a la UCR, me dedico a editor freelancer de varias editoriales; fundo y me dedico a tiempo completo al Instituto Cultural Costarricense Salvadoreño en San José para apoyar con la solidaridad y la cooperación internacional a más de veinte mil salvadoreños, la mayoría campesinos de Chalatenango, refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR) en ese país hermano, ubicados en la ciudad de Heredia.

En 1988 fui invitado a Washington D.C. por la Red de Educadores para Centroamérica (siglas por el inglés: NECA; dirigido por mi amiga Débora Menkart), para una jornada de capacitaciones a maestros de la escuela primaria (Elementary School) en el área del D.C., con escolares extranjeros, entre ellos centroamericanos y salvadoreños. En el transcurso visité unas diez escuelas del D.C.

Antes de mi primera visita (pues fueron tres jornadas), la Dra. Débora Menkart me llamó por teléfono para preguntarme si conocía a un señor de nombre Aníbal, quien le expresó que era mi amigo y aunque no era maestro quería verme y saludarme. Aníbal llegó a NECA tres días antes de mi llegada, quería confirmar si llegaría a EE. UU., impaciente por… saludarme. Quedé en la luna de quién podría ser.

Había pasado veinticuatro años (desde 1964) para asociarlo con el Aníbal que participó en el interrogatorio de Roque Dalton, aunque en mi memoria me rumoraba como cuando uno se pone la concha de un caracol en los oídos.



*Manlio Argueta es un reconocido escritor salvadoreño. Texto publicado el 5 diciembre de 2009, en http://manlioargueta.com/?p=1007

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